4. Un misterio para ser contenido en odres nuevos

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«Un poco de ciencia te aleja de Dios, mucha ciencia nos acerca a Él». Esta cita de Louis Pasteur refleja con gran acierto la realidad que viven muchos fieles católicos, cuando de una manera frontal y sistemática muestran rechazo a ciertos aspectos que en verdad tienen un gran valor científico y a su vez cultural.

El mejor ejemplo que podemos sugerir en el sentido de esta cita de Pasteur, en primer lugar, podría ser la riqueza que se encuentra contenida en este caso dentro del Libro de la Torah. Teniendo en cuenta que las letras del hebreo sirven tanto para formar una palabra como para definir un valor concreto, podemos considerar que este pueblo que precede a la Iglesia Católica utiliza un lenguaje que tiene un enorme potencial en cuanto a su riqueza. Aunque habría que reconocer que cuando este conocimiento está reservado a una cultura concreta, como viene a ser en este caso la judía, lo que menos complica a la inteligencia del resto de culturas que observan esto desde fuera, crea un principio de incomprensión que termina siendo causa de su discriminación.

Esta discriminación para aquellos que lo vemos desde fuera irremediablemente por lo común suele terminar produciendo una gran ignorancia y lo que viene a materializarse más adelante es el aislamiento en cuanto a su sabiduría. En este estudio no se ha dado importancia al valor oculto de los números, aunque si hacemos una observación importante al respecto habría que decir que en el extrarradio de esta cultura tan enriquecida como es la hebrea se ha discriminado incluso este aspecto de esta ciencia que engloba lo que conocemos como «gematría». Si todas las personas tuviésemos acceso a esta riqueza que también ofrece la Escritura, no nos parecería tan secreta u oculta esta ciencia y la podríamos valorar también tal como la valoran también ellos, pues deberíamos de preguntarnos si acaso no es para muchos de nosotros un misterio insondable y al mismo tiempo apetecible toda la sagrada Escritura. Cuando esto no se entiende, surgen interpretaciones erróneas o distorsionadas que dificultan conocer la verdad que se oculta detrás de todo esto, como cuando por ejemplo se pone la etiqueta de clasificación del “esoterismo» ..

Se hace necesario que las autoridades de la Iglesia Católica que en su mayoría son hombres con formación en letras se pregunten también si para Dios no es importante los pequeños detalles y si lo son, porque razón iba a excluir un punto, una coma o un número para que cualquiera pueda buscarle ahí también. El quid de la cuestión es que no aceptan el número como parte de la revelación de Dios, aunque en realidad éste resulta ser el núcleo en sí de esta ciencia formal que en este caso son las matemáticas. Es de esta manera como en este caso surge el comportamiento discriminatorio que nos aleja más de esta cultura y lo que es peor; sino aceptamos o comprendemos gran parte de su riqueza, más difícil será que po-damos acercarles a su vez la doctrina y el magisterio de la Iglesia Católica   

Uno de los mejores ejemplos que nos pueden ayudar a comprender mejor esta realidad para el nuevo pueblo de Dios que es la Iglesia Católica, hunde sus raíces en la discusión de Jesús por causa de las tradiciones fariseas (Mc. 7, 1-8). Este evangelio nos habla acerca de algunas costumbres que tenían los líderes religiosos en el tiempo de Jesús. De una forma irremediable y al mismo tiempo comprensible después de haber fundado Jesús su Iglesia en su orden jerárquico se han ido estableciendo otras costumbres diferentes que pueden gustar a unos más y a otros menos. Las costumbres de por sí no son malas, porque nos ayudan a educarnos y a disciplinarnos. Lo que viene a ser malo es cuando nos produce una cerrazón o una fijación mental con respecto a otras personas que teniendo buena intención nos ayudan a abrir otros caminos que pueden suscitar otras costumbres, siempre y cuando éstas tengan su base en el principio fundamental que es el amor, para poder construir de formas diversas las adaptaciones a los tiempos que nos ha tocado vivir. Por eso nos habla el Señor en otro evangelio que, a vino nuevo, odres nuevos (Lc. 5,33-39).

Cuando Jesús en este último evangelio, así como en reiteradas ocasiones vuelve a tener conflictos o confrontaciones con las autoridades religiosas, debería de motivarnos hacer un alto en el camino para preguntarnos: ¿por qué los líderes religiosos en la actualidad parecen no interesarles tanto tratar estas diferencias también desde sus perspectivas? ¿Es lógico que los fieles laicos que tenemos anhelo de imitar en todo a Jesús no queramos padecer circunstancias semejantes? Cada cual si le parece oportuno podrá razonar estas preguntas. Aunque una respuesta común a estas es que, si nosotros los fieles laicos no queremos tener esta clase de problemas o conflictos, posiblemente no estaremos actuando como agentes de cambio para poder restaurar o renovar nuestra Iglesia, ya que, por lo común, especialmente las autoridades religiosas suelen tener demasiado vértigo a las «novedades», principalmente porque vienen a cuestionar sus esquemas y complicar sus procedimientos.

Debe de quedarnos claro que Jesús no tiene nada en contra de lo «viejo». Lo que no quiere es que lo «viejo» se imponga para que lo «nuevo» pueda tener siempre una oportunidad de manifestarse, pues para cada época de la historia, el Espíritu de Dios sabe mejor que nosotros que es necesario suscitar «novedades» a su Iglesia, llevando a cabo de esta forma su misión de seguir santificándola por estos cauces. Recordemos que toda santificación conlleva esencialmente un cambio de mentalidad y no todos tenemos disposición hacer esta inversión. Esta fue otra de las causas principales que condujo a Jesús a la Cruz, pues su Espíritu libre le llevó al precipicio de la censura y la cancelación en todos los aspectos de su vida, y sabemos también que esto primeramente fue por nuestra ignorancia, «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc. 23,34).

Esta reflexión que acabamos de compartir puede ser útil para poder valorar el misterio de la ciencia de la Santa Cruz desde un criterio verdaderamente justo, y para llevar a cabo este cometido es necesario poder librarnos de los posibles prejuicios que nosotros hemos hecho primero con la religión judía. «Con el fin de poder estudiar las características más importantes de nuestro lenguaje, se aborda, por analogía, un lenguaje ideal. El lenguaje ideal más perfecto que conocemos es el lenguaje matemático. La matemática fue considerada por David Hilbert (1862-1943) como un sistema formal, ya que toda la matemática puede ser interpretada basándose en símbolos, axiomas, y reglas de producción» (Padilla Gálvez J, 2007, p. 47).

Aunque no deja de sorprender esta «novedad» que es al mismo tiempo antiquísima por ser inherente a la creación, debemos de recordar en primer lugar que Él nos anuncia por medio del Evangelio que «no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a la luz» (Mc. 4,22). Todas estas «novedades» no sólo pueden ser de interés para aquellas personas que tenemos unos principios religiosos y espirituales, pues la ciencia verdadera no se opone a estos principios ya que, siendo dos lenguajes diferentes para poder llegar al conocimiento de la verdad (razón y fe / ciencia y espiritualidad), ambas nos hablan de un  aspecto en común: Dios «Él es origen, guía y meta de todas las cosas. ¡A él la gloria por siempre! Amén» (Rom. 11,36).

Con respecto a las «novedades» que siempre deberíamos esperar de parte del Espíritu Santo que pueden servirnos como herramientas para poder trabajar por nuestra Iglesia siempre necesitada de reforma, el Papa Francisco nos recuerda que: «Él siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece. Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina. Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre «nueva».   .