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ENTRADA PUBLICADA APROXIMADAMANTE EL DÍA 9 DE OCTUBRE DE 2025. (Recuperada de la papelera).
«Este es el ruido del mundo que más desagrada y aborrece el Señor» ⸺Gritaba “el loco” al finalizar la misa de Sabatina.
En esta entrada del Blog se trata de describir una situación real de denuncia profética al término de una misa. Si el materialismo tuviese una voz no deberíamos de tener ninguna duda en afirmar que esta sería el ruido del mundo. Por tanto, la medida para poder conocer cuanta contaminación materialista existe entre los fieles laicos de hoy en día vendría a estar marcada por el culto al ruido.
Por la dureza de muchos corazones tendremos la ocasión de valorar la necesidad de actuar con ira santa sin más remedio que experimentar incluso la confrontación, aunque antes será preciso que sepamos establecer las diferencias entre ésta última y el pecado de ira. Al mismo tiempo se pone de manifiesto la importancia de pensar y actuar a la antigua usanza, pues coindice que la Iglesia no se había vuelto sosa hasta que los profetas y predicadores fueron influenciados por el avance de la técnica de la megafonía. Los profetas y predicadores que más han movido corazones lo han hecho siempre por medio de sus Voces Vivas.
Si hay algo que caracterice de verdad una denuncia profética es la valentía y el compromiso con Dios de la persona que puede llegar hacerla, sabiendo además que ésta resulta ser de mucho agrado al Señor precisamente porque son muy pocos aquellos que están dispuestos a salirse de la norma o la regla común para que de esta manera el mundo termine consagrando al profeta como un “loco” o un «necio».
«¡Los profetas están locos y los hombres inspirados son necios!» Esta cita se encuentra en el Libro del Profeta Oseas 9,7, y en este caso fue también utilizada para describir la actitud de hostilidad y falta de fe de Israel hacia los profetas de Dios, a quienes despreciaba y llamaba locos y necios a pesar de que le enviaban advertencias sobre su castigo por su gran pecado y hostilidad. En este caso particular tengo la ocasión de denunciar proféticamente el escándalo de la falsa piedad de los católicos practicantes de nuestro tiempo.
El fin último de esta denuncia profética es tratar de animar y estimular a otros fieles a que ejerzan esta vocación que recibimos todos por nuestro bautismo, sabiendo a ciencia cierta que el único lugar donde surgen los profetas es del seno parroquial. Solo de esta manera y con la ayuda de Dios podremos ser agentes de cambio para la necesaria renovación y reforma de nuestra Iglesia.
Después de haber publicado la semana pasada una denuncia que podría considerarse que tiene carácter profético «El “enfermo mental” reprende y reprocha: Los malos cristianos de Almonte-El Rocío», me propongo ahora compartir algunas breves anécdotas que han surgido este último fin de semana después de terminar la misa de Sabatina. Para aquellos que no sean de este lugar, la misa de Sabatina en Almonte es un acto de devoción mensual en honor a la Virgen del Rocío, celebrado por la Hermandad Matriz y que consiste en la lectura de la palabra de Dios y la celebración de la Santa Misa, con la participación del coro de la Hermandad. Esta celebración tiene lugar en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Almonte y es un momento para dar gracias a la Virgen, especialmente tras la Romería del Rocío.
Antes de nada, creo que es necesario que pueda aclarar algunos puntos clave para evitar confusiones y para poder entender mejor el contexto de las denuncias proféticas que siento que estoy llamado hacer, no porque tenga alguna autoridad, sino porque desde hace mucho tiempo también siento que el celo por la casa de Dios también me devora «Porque el celo por tu casa me ha consumido, y los vituperios de los que te injurian han caído sobre mí» (Sal. 69,9). Este versículo expresa el ardor del salmista por la casa de Dios (el templo) y cómo ha sufrido las ofensas y los insultos de quienes injurian a Dios.
Teniendo en cuenta que desde que se produjo mi conversión en el año 2004 no he conocido personalmente a nadie que manifieste esta pasión y fervor por la casa de Dios, en primera persona y por si les sirve a otros como referencia esto nos debe motivar a la acción, incluso también a la confrontación, como en el episodio de Jesús expulsando a los mercaderes del Templo (Jn. 2,16-22). También puede implicar un sentimiento profundo y abrumador de celo que causa sufrimiento a quien lo experimenta, o una ira santa que impulsa a la purificación de lo que profana la casa de Dios, ya sea un templo físico, una congregación o incluso la humanidad misma.
Lo que trataré de exponer a continuación podría resultar un dato de máximo interés para otros fieles que se sienten cohibidos e incluso amedrentados por creer encontrarse solos o en minoría cuando también se sienten llamados a este deber de custodiar y defender todo aquello que es sagrado. Al respecto puedo decir que varios sacerdotes de la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción han intentado persuadirme para que cese esta denuncia profética hacia estos malos cristianos de Almonte porque según me dicen les causo temor. En verdad el temor deberían tenerlo solo a Dios, aunque como por desgracia no le respetan y son irreverentes por sus conversaciones distraídas dentro del templo, es comprensible que alguien deba de infundirles este temor. Para los sacerdotes esto es algo que les parece malo, sin embargo, teniendo en cuenta que Jesús es nuestro modelo para imitar por excelencia, deberíamos considerar que Él también suscitó cierto temor hacia aquellos que profanaron el templo cuando hacían del mismo un uso indebido.
Y les enseñaba, diciéndoles: «¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes? ¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!» Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. (Mc. 11, 17-18).
En este caso donde Jesús también resalta la importancia del templo como un lugar de encuentro y de oración con Dios, podemos apreciar que el evangelista san Marcos hace alusión a un miedo por asombro a la doctrina de nuestro Señor. El asombro, por tanto, en cualquiera de sus facetas es algo que puede causar temor y la faceta personal que en este caso causa temor a las personas que trato de interpelar sus conciencias es esta ira santa, que en esencia podemos definirla como una reacción apasionada contra la corrupción y la profanación de los lugares o las cosas sagradas.
Después de haber hecho este comentario personal, quizá alguien pueda pensar que no estoy siendo humilde o que peco de presunción, pues al respecto puedo decir en primer lugar que, aunque manifieste esta clase de ira no significa que sea santo. Por otro lado, y quizá lo más importante que podría aportar en este aspecto para que otras personas puedan motivarse y actuar de esta misma forma, es que con la experiencia y el tiempo he aprendido a diferenciar la ira que ofende a Dios y esta ira santa. La respuesta que puedo dar al respecto para saber distinguir estos dos sentimientos es muy sencilla, pues la ira como pecado nos deja a la corta o a la larga siempre una sensación de vacío y malestar, mientras que la ira santa nos aporta un estado de satisfacción y también supone un desahogo por el hecho de haber podido agradar a Dios defendiendo sus intereses. Quien experimenta esta sensación de desolación o consuelo lo entiende perfectamente, aunque quien no lo vive, todo esto le cuesta mucho comprender. Por esta razón los sacerdotes piensan que estoy haciendo algo malo y no solamente los sacerdotes, sino todos aquellos que observan estos acontecimientos desde fuera de una manera superficial (fieles, personas que visitan eventualmente la parroquia, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de Estado, psiquiatras, etc.).
Aquí es muy necesario que deba de subrayar que los verdaderos profetas no han tenido ni tienen verdadera necesidad de usar la megafonía para poder interpelar las conciencias, pues por desgracia la técnica y el avance tecnológico ha terminado de apagar estas Voces Vivas. Conocemos por medio del Profeta Isaías que el Siervo de Yahvé que «No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo humeante; por medio de la verdad traerá justicia» (Is. 42, 2-3). Esto podría parecer una contradicción, pues siendo Jesús el Profeta mayor por excelencia sabemos a ciencia cierta que también tuvo necesidad de gritar y alzar su voz para que el anuncio de la Buena Nueva pudiese llegar a más personas. Por tanto, no es que Jesús no gritase o no alzase su voz tal como lo han hecho todos los profetas y predicadores antes del avance tecnológico, pues esta definición enfatiza la naturaleza pacífica y humilde del Siervo, quien establece justicia no a través de la fuerza o el clamor público, sino con fidelidad y la verdad.
Después de haber hecho esta introducción aclaratoria para poder comprender la necesidad de que otros puedan comenzar a ejercer nuestra vocación como profetas desde nuestros senos parroquiales, doy paso a exponer de forma breve los sucesos acaecidos tras finalizar la santa misa de Sabatina este día 27 de septiembre. El contexto de estas misas suele ser muy solemne, pues además de contar con el coro de la Hdad. de Almonte, asisten muchas personas y autoridades a la misma, y entre estos también la presidencia de la Pontificia, Real e Ilustre Hdad. Matriz de Ntra. Sra. del Rocío. Estas misas suelen ser retransmitidas a los hogares de Almonte por medio de Doñana Televisión, por lo que no descarto que hayan podido captar algo los micrófonos.
Antes de que comenzara el Santo Rosario ya tuve que llamar la atención a las personas que conversaban distraídamente en este lugar sagrado y que tampoco saben respetar cuando otros estamos tratando de rezar en comunicad el Santo Rosario. Cuando el sacerdote nos dio la paz para poder marcharnos, en vez de recogerse las personas un rato en silencio para poder dar gracias a Dios por habitar especialmente en ese momento en nosotros o irse en silencio sin molestar a aquellos que tenemos esta necesidad, con mi Rosario entrecruzado en mis manos me puse de rodillas en el reclinatorio y alcé fuerte mi voz diciendo «Este es el ruido del mundo que más desagrada y aborrece el Señor». Yo cerré los ojos y seguí interpelando las conciencias de estas personas diciéndoles que no respetaban a Dios ni las cosas sagradas. También tuve ocasión de decirles «¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes? ¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!» Como parecía que estas personas que por norma común se desatan y se desbocan al terminar la Santa Misa no se daban por aludidos y parecía que esto que les decía no iba con ellos, grité con mayor fuerza: «NO RESPETÁIS NI A DIOS, por lo cual esto demuestra que no sabéis respetar a nadie».
Poco a poco se fue despejando el templo y me pude quedar solo para hacer mis oraciones de acción de gracias. Es evidente que después de que los sacerdotes hayan tolerado estos desórdenes durante tanto tiempo en los templos pueda costar tanto arrancar ahora esta costumbre tan poco piadosa. Todo esto me cuesta mucho sufrimiento, pero siento que este es el mismo sufrimiento lo padece el Señor por este ruido del mundo que es el que más le desagrada y aborrece porque es el que se mete dentro de su casa.
Desde un principio he tratado de mantener al corriente con estas cartas a los sacerdotes de la parroquia para que al menos me permitan actuar con parresia ante esta situación ya que por lo que puedo apreciar no parece que estén dispuestos a hacerlo ellos. Al mismo tiempo trato de mantener al corriente a Mons. Santiago Gómez Sierra (Obispo de Huelva) para que pueda interesarse por estos asuntos que debería de ser el primero en ocuparse. Informo y busco también el apoyo y el consejo de otros obispos dispersos a lo largo de nuestra geografía española, pues sé que ellos no ignoran que estos desordenes que alteran la vida de piedad en Almonte-El Rocío no son por desgracia sucesos aislados, pues de esta manera resalto la importancia de erradicar de alguna manera esta falsa piedad de muchos católicos practicantes que creen actuar correctamente porque nadie los corrige. Todos deberíamos de implicarnos en este asunto si es que deseamos ser cristianos comprometidos para poder renovar y reformar nuestra Iglesia desde las células más pequeñas que son nuestras parroquias.
Recemos por todos por estos fieles dentro de nuestra Iglesia que apenas son conscientes de que de esta manera están practicando una falsa piedad. Recemos para que la Iglesia pueda tener verdaderos faros de Cristo para que los marineros perdidos en la amplia mar no terminen por perderse en ella. Y por favor, recen por este servidor que trata de agradar por encima de todo a Dios y busca sinceramente el bien común, porque necesito que Él me siga iluminando y me siga dando la fuerza de su Espíritu para seguir siendo firme y constante en este gran combate espiritual.
En Almonte a 30 de septiembre de 2025