Desde que la Iglesia perdió su autoridad ante la ciencia, las dificultades de la vida se transformaron en enfermedades que hoy se cotizan en los mercados bursátiles.

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Desde que la Iglesia perdió su autoridad ante la ciencia, las dificultades de la vida se transformaron en enfermedades que hoy se cotizan en los mercados bursátiles.

En esta reflexión se denuncia la debilidad de la Iglesia Católica frente a la ciencia representada en su mayoría por los nuevos «profetas» de nuestro tiempo, que da culto a este ídolo, y que a través su influencia tratan de vender a las personas más ignorantes tanto sus ideas como sus productos. Es importante resaltar la gravedad de esta realidad, ya que esta estructura de pecado dirigida en último término por las élites globalistas, viene a sustentarse finalmente en la explotación del sufrimiento humano.

Antes de poder desarrollar este tema que nos ocupa y que aparentemente a priori pareciera no tener importancia, debo decir que tengo un amigo sacerdote que aprecio mucho que en multitud de ocasiones he podido contar con su apoyo y ayuda, aunque cuando escribo algo sobre los psiquiatras o psicólogos siempre quiere salvar a unos pocos que considera que no merecen ser tratados dentro de un criterio general. Y si es cierto que un juicio general es completamente injusto, quiero dejar claro desde este momento que en mi caso no juzgo a las personas, sino el mal que pueden hacer con mayor o menor consciencia, pues como cristiano llamado a ser luz debemos de denunciar el pecado, siempre dejando intacto al pecador. Mi deber como cristiano no es hacer un juicio de valor de las personas, sino juzgar el mal que hacen y como el grano y la cizaña crecen en todos nuestros corazones yo soy el primero que debería de dar ejemplo en este sentido.

Es muy probable que muy pocas personas hayan podido percibir esta realidad, pues desde que la Iglesia Católica comenzó a ceder ante los poderes de este mundo y a medida que se ha tornado un tinte mediocre y se ha ido acomplejando, la ciencia ha ido ganando su terreno para convertirse desde su cúspide hasta su base en una tiranía. Ciertamente esta pérdida de autoridad ha ido creando multitud de estructuras de pecado en la sociedad, aunque en el caso particular de la ciencia de este mundo que como sabemos es bien vista en gran parte porque ha creado un marco de bienestar, y por esta razón en particular ha alcanzado los límites de ser incluso uno de los ídolos más adorados por el hombre. Podríamos incluso preguntarnos desde este momento qué relación podría tener la ciencia con la descripción de la Bestia que hace referencia el libro del Apocalipsis «Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero» (Ap. 13,8). Y ahora podemos decir incluso: !!Cuantos cristianos se han dejado prostituir por este ídolo!!

Ciertamente no es para tomarse en broma este último comentario que acabamos de hacer en el que podemos relacionar el ídolo de la ciencia con respecto a la Bestia que hace referencia el libro del Apocalipsis, aunque en este caso no vamos a desarrollar este aspecto tan interesante porque no me considero la persona adecuada para poder ilustrar a nadie en este conocimiento escatológico. Baste con decir que la ciencia ha terminado por subyugar a la Iglesia Católica, hasta el punto de que la mayoría de sus dirigentes han entregado a sus ovejas en manos de los psiquiatras y psicólogos. Estos se han convertido por esta razón en pastores asalariados, porque con el tiempo y de muchas formas han demostrado que han salido huyendo al ver venir a estos lobos (Jn. 10:12-13). En resumidas cuentas, esta ha sido una de las razones principales por las que el rebaño se ha dispersado, quedando finalmente las Iglesias vacías.

Esta ultima afirmación que acabamos de hacer es un botón que muestra la razón de la gran apostasía en la Iglesia. Hoy prácticamente todo el mundo solo da culto a la ciencia y a sus profetas, que son aquellos representantes que tratan de darnos la solución a nuestros problemas, conflictos e incluso errores por medio de probetas y matraces de ensayo de laboratorios y que se dedican a juzgar a las personas siguiendo unos criterios homologados en por esa nueva biblia que hoy conocemos como Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM).  

Esta nueva biblia describe una gran lista de sufrimientos psíquicos y gracias al consenso científico mundial han conseguido otorgar a estos padecimientos una  categoría patológica para que estas presuntas enfermedades mentales terminen convirtiéndose en un aglomerado de intereses comerciales que desde hace mucho tiempo se cotizan en las bolsas internacionales. Esto se debe en gran parte a la democracias liberales que nos gobiernan, pues a razón de que a muchos nos han jubilado o incapacitado sin tener verdadera necesidad, ya que hemos dejado de ser personas productoras de bienes, nos han convertido a nosotros los locos en consumidores de “drogas legales” por medio de subterfugios estatales para seguir formando parte de una cadena de beneficios. Esta ha sido la manera por la cual a partir del siglo XIX. concretamente se ha ido creando una estructura de lucro que, en colaboración y complicidad mutua con la ciencia, han terminado por proporcionar a ciertas personas un estatus médico para centrarse básicamente en un control social, teniendo todo esto su origen y fundamento en la explotación del sufrimiento humano. Esto nos debería de ayudar a reflexionar sobre la seguridad y el beneficio que genera este tipo de negocio, que ciertamente podíamos compararlo con una empresa de servicios funerarios.

El mundo ciego que sigue sus propios intereses no es capaz de reconocer la gravedad de este asunto, pues solamente es necesario pararse un poco para pensar que esto es algo verdaderamente terrorífico y al mismo tiempo indignante, pues por las razones que ya hemos expuesto ni tan siquiera la jerarquía de la Iglesia Católica parece ser consciente de este drama humano tan inefable. Y los pocos cristianos y hombres de buena voluntad llamados también al conocimiento de la verdad que hayan podido ser capaces de apreciar esta realidad por sí mismos podría parecerles que por nuestra insignificancia tenemos las manos atadas ante el inmenso poder que hemos dejado que adquiera la ciencia. Por esta razón quizá sea el momento de pensar que ya no podemos emprender acciones reuniendo grandes masas de personas para manifestarnos por una causa justa y sea por tanto la hora de actuar como aquel hombre bajito llamado David que por su amor loco a Dios y a su pueblo tuvo el valor de enfrentarse con otro gigante que en su caso tenía el nombre Goliat.

Esta última referencia bíblica nos invita y anima a que sigamos este mismo ejemplo, pues tenemos la gran esperanza que aún quedan muchas personas que siguiendo el ejemplo de nuestro Señor están dispuestas a dar la vida por los demás, pues son muchos los que sufren las consecuencias de esta tiranía . Ya nos lo adelanta el Apóstol Pablo, pues el amor al dinero es la raíz de todos los males (1 Tim. 6,10), por lo que no podemos seguir permitiendo que un pequeño grupo de élite mueva los hilos para seguir fomentando una industria que se encuentra sustentada en la explotación del sufrimiento humano.

Con respecto a los problemas o dificultades que todas las personas encontramos en nuestra vida queda una palabra que debe de pronunciarse alto y claro. En estas dificultades podemos decir que se añaden los conflictos y errores que muchas ocasiones nos quitan la paz de nuestra alma. Pues bien, cuando estos problemas o dificultades los vivimos en comunión con Dios, nos solamente nos podrán ayudar a madurar espiritualmente como personas, pues además con éstos podremos contribuir a dar mayor gloria a Dios cuando le invocamos en estas circunstancias. Esta viene a ser la razón principal que explica que en verdad no tenemos necesidad de ser “curados” por estos científicos, sino en todo caso por medio de personas que sean verdaderamente virtuosas y aunque muy posiblemente  dentro de este gremio haya muy pocas personas con esta cualidad, quizá no merezca la pena gastar tiempo buscando consultas y dinero para gastarlo en este tipo de ayudas.    

Esta breve reflexión que hemos hecho aquí pone de relieve los límites insospechados que puede llevar al hombre cuando es movido por la avaricia y la codicia. Y en cuanto al estatus de estos profetas de dicha ciencia podemos denunciar al mismo tiempo su altivez, la soberbia y el orgullo que les hace creer que por encima de ellos no tienen a Otro que es superior a ellos, cuando juzgan a los demás según sus criterios humanos sin llegar a tener una capacidad mínima de poder hacerse una autocrítica. Estos profetas de nuestro tiempo no solamente dan culto a su deidad (la ciencia) sino que tratan de imponerla a los demás cuando ciertas personas más ignorantes les compran de muchas maneras tanto sus ideas y/o productos. Y es que cuando queriendo o sin querer una persona termina convirtiéndose en un “médico de la mente”, posiblemente tanto estos sujetos como los que recurren a ellos no se han caído en la cuenta aún que se han convertido en pequeños dioses o semidioses que de una manera más o menos discreta también reclaman por parte de los demás su pequeña porción de veneración y culto.

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