Dirección:
Almonte (Huelva)
Disponibilidad completa:
E-mail: buenanueva@hotmail.es

ENTRADA PUBLICADA APROXIMADAMANTE EL DÍA 9 DE OCTUBRE DE 2025. (Recuperada de la papelera).
El “enfermo mental” reprende y reprocha: Los malos cristianos de Almonte-El Rocío.
En esta ocasión me gustaría volver a informar de nuevo sobre algunos aspectos sensibles que no es que pasen desapercibidos en este pueblo, sino que más bien muchos tratan de hacer la vista gorda por las complicaciones que supone y por ser en cierta medida incómodos para la mayoría.
La presente entrada de este Blog refleja una denuncia sobre la mala conducta y comportamiento de los cristianos de Almonte-El Rocío. Esta denuncia es un pequeño reflejo de una realidad mayor que viene a representar a toda la Iglesia donde se pone en evidencia a muchos sacerdotes que, aunque no muestren gestos de amaneramiento están afeminados y disminuidos precisamente por no querer defender los intereses de Dios. Por otro lado, se pone en evidencia el mal comportamiento de aquellas ovejas descarriadas que también se cuentan entre aquellos fieles que en su práctica cristiana demuestran una gran falta de respeto, irreverencia y ultraje hacia lo más sagrado que es Dios en primer lugar y después hacia los lugares donde Él mora de una forma especial, que son sus templos.
Esta nueva publicación en mi Blog no tiene como fin último airear las miserias de la Iglesia Católica ⸺pues todos las tenemos⸺, sino más bien trata de poner de relieve la actividad de otros fieles que actuando con cierta reserva en un intento sincero por ser agentes de cambio, somos cancelados y censurados de muchas maneras.
De cualquier modo, es necesario que podamos creer que este tipo de denuncias pueden servir también para mejorar el ejemplo que debemos de dar en primer lugar todos los cristianos y por consiguiente todo el tejido social que en muchos sentidos está corrupto, pues desde el punto de vista de los creyentes, la gran mayoría que tomaron la opción de callar por desgracia no perciben que mañana podrán ser los siguientes perjudicados. Y como personas que en otros casos no valoraron la verdadera religión para preservarnos de toda corrupción, por su falta de cooperación, mañana dispondrán de muchos menos cristianos comprometidos para poder defender las causas justas. Ciertamente todo esto debería de hacernos reflexionar a todos, pues la corrupción general debería de unirnos para poder hacerle frente de la manera que cada uno pueda sentirse llamado desde su vocación al servicio de la humanidad.
«Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado» (Sal. 27,3)
Que en esta ocasión me presente como un “enfermo mental” con el fin de reprender y reprochar la mala conducta y comportamiento de los cristianos de este emblemático pueblo de Andalucía, para algunos les puede crear cierto temor, para otros confusión y en el último de los casos esta presentación sobre mi persona podría ser un motivo suficiente para subestimar los dones o capacidades que por gracia de Dios he podido recibir.
Después de haber vivido 37 años en una ciudad con más de doscientos veinte mil habitantes y con tantas parroquias y después de llevar viviendo nueve años en Almonte he tenido la ocasión de apreciar los pros y los contras en lo que respecta a la experiencia de la vida interior en la Iglesia. Quizá lo más importante que puedo destacar es que en una ciudad las miserias de las personas que vamos a misa pasan más desapercibidas y cuando estas personas se disgustan por alguna razón con una parroquia se van a otras y creen que de esta manera solucionan su problema. En un pueblo es muy diferente, aunque la Iglesia es como un fractal, pues todo lo que sucede en una escala mínima y reducida sucede también en una escala a lo macro, por lo que todo aquello que pueda expresar en lo sucesivo sirve para evidenciar la realidad de lo que sucede en otros muchos lugares del mundo a grandes rasgos.
Desde que llevo viviendo aquí los conflictos y tensiones con ciertas autoridades civiles y eclesiales han sido constantes. Por el compromiso que tengo asumido como cristiano también he tenido desencuentros con muchos fieles de la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción. Desde que llevo viviendo aquí mi curriculum tiene 8 ingresos más de los nueve que tuve en Madrid (cárceles), así como más de 20 años en total sometido a psicofármacos (cadenas químicas) que me ocasionan graves angustias. Una multa con una orden de alejamiento de mi parroquia por amenazas a un sacerdote que nunca detalló en su denuncia el motivo expreso de esta; constantes intervenciones de la Policía Local y la Guardia Civil para expulsarme de mi parroquia y multitud de sanciones económicas derivadas de estas circunstancias. Vejaciones y maltratos físicos y psicológicos en la comisaría de la Policía Local de este pueblo. La expulsión de una residencia de mayores donde he podido hacer labores de voluntariado durante años por haber pedido respeto a la presencia de Jesús Eucaristía en la capilla. Y la última experiencia adversa que tuve fue recibir una paliza en el interior de la parroquia por haber pedido también respeto al lugar sagrado.
En principio puedo decir que por desgracia no podemos esperar buenos frutos para este pueblo, pues por poner un ejemplo reciente uno de los sacerdotes en la misa dominical, predicando sobre la fidelidad decía que muchos cristianos en el mundo son perseguidos por causa de su fe, aunque a nosotros Dios no nos pide ⸺ahora⸺ actos heroicos, sino pequeños actos de fidelidad. Por esta razón muchos nos podemos preguntar, ¿No teníamos claro los cristianos que para ser santos debemos esforzarnos con la gracia de Dios cada día para superarnos en las virtudes en un grado heroico? Y aunque podamos creer en un principio como probabilidad más favorable que no todos seremos llamados al martirio, ¿No resulta prudente que cada cual nos podamos preparar para este posible momento? Por desgracia de esta manera se predica la mediocridad, esa conducta “normal” que incluso algunos sacerdotes defienden que tuvo nuestro Señor Jesucristo. Esto pone en evidencia a muchos sacerdotes que, aunque no muestren gestos de amaneramiento están afeminados y disminuidos precisamente por no querer defender los intereses de Dios, por ser como perros mudos (Is. 56,10-12) y por no querer en definitiva padecer las consecuencias de la verdadera fidelidad a Cristo, que es la persecución por parte del mundo y también aquella que padecemos dentro de la propia Iglesia. Por este afeminamiento y disminución de los sacerdotes, en las misas de difuntos con el fin de poder agradar a los familiares y amigos que asisten al funeral suelen faltar con su deber de cara a Dios cuando suelen canonizar a los difuntos, dando a entender con mayor o menor sigilo que estos ya disfrutan de la paz de Dios o que están en las marismas eternas. Cuantas comuniones sacrílegas se producen especialmente en estos momentos cuando tampoco tienen el valor de predicar antes de dar la comunión, aunque sea de forma ocasional que, si alguien come y bebe indignamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no solamente come y bebe su propia condenación, sino que además por esta causa se verán acosados por enfermedades e incluso les podrá sobrevenir la muerte (1 Co. 11,27-34). Esto en definitiva es una prueba evidente más de que poco les importa tanto la salud como la propia vida de estas ovejas.
En cuanto al ejemplo de la mayoría de los fieles, aquello que pone más de manifiesto que son malos cristianos son las conversaciones distraídas dentro del templo. ¡! Qué gran falta de respeto, que irreverencia y provocación hacia la presencia de Jesús Eucaristía¡! Actuando de esta manera ignoran que profanan este santo lugar donde mora de una manera especial la presencia de Dios. Ellos no van a hacer compañía al Santísimo, sino a seguir dentro de la parroquia con las tertulias que han dejado a un lado un rato antes de irse de casa cuando han tenido que apagar el televisor por obligación para poder encontrarse con otras personas en la Iglesia dispuestas a contarse las cuitas de ese día. No les importa las amonestaciones y reprensiones que hagas porque les son indiferentes, pues lo primero son sus cosas antes que recogerse un poco en paz para encontrarse con Dios orando en este lugar. Que poco valor que le dan a la misa y a Aquel que han recibido cuando al terminar el Santo Sacrificio prácticamente todos se desatan en ese ruido del mundo, sin tener apenas la consideración de recogerse un poco para dar gracias a Dios por estar en su pecho; por ser sagrarios vivos. Pobres ovejas descarriadas, pues, aunque creen encontrarse en el redil no tienen quien les prediquen y les hagan entender aquello que nos dice el Maestro «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mt. 7,21). La gran mayoría creen tener ganado el cielo con seguridad por el simple hecho de ir a misa y porque hacen algunas obritas buenas, mientras que por lo contrario san Pablo nos dice que no tengamos esta seguridad (Flp. 2,12). Como en mí caso no tengo por seguro ni siquiera el purgatorio, es lo que precisamente me hace ser tan combatiente, pues no quiero ser tentado como esta mayoría que sin apenas tener consciencia tienen completamente bajada la guardia en la milicia de Cristo.
Y qué decir casi en general de los rocieros de este pueblo que suelen cantar solo cuando viene la temporada aquella canción que «para ser rociero primero hay que ser cristiano». Cuantas son las masas de miles y miles de almonteños que se movilizan para las romerías, de los cientos de personas que se reúnen en las misas de sabatina los últimos días de mes, pero cuando el sacerdote expone los jueves una hora el Santísimo solo queda un ejército remanente de 20 o a lo sumo 30 personas para adorar al Señor. Este es otro lugar muy peculiar en nuestra geografía española donde la hiperdulía y la latría se ha trastocado, pues se adora a la Virgen del Rocío y por otro lado se venera a Dios. Esto es otra evidencia más que otras personas de pueblos limítrofes les escandaliza, pues tanto en el santuario de El Rocío como cuando la imagen de la Virgen se traslada cada siete años a este pueblo, al menos ciertas autoridades se preocupan más por velar por el silencio que debe de haber en el templo en este momento que cuando la imagen no está.
Los sacerdotes de este lugar, quizá por no querer perder autoridad, por no querer ser puestos en evidencia o por su falta de valor me han recriminado que si alguien debe de pedir silencio a los fieles son ellos, sin embargo, casi nunca suelen estar rezando donde tanto molestan otros con sus conversaciones distraídas. Queriendo reafirmar su autoridad, parece que por momentos ignoran que todos estamos llamados a velar por los intereses de Dios y también por aquellos fieles que desean recogerse en oración, más cuando aquellos que deberían de actuar no quieren hacer nada para favorecer el clima de recogimiento. También me recriminan y han tratado de persuadirme de muchas formas para que deje de reprender y reprochar a los fieles por su mal comportamiento, aunque gracias a Dios tengo plena consciencia que de esta manera doy gloria a Dios y busco el bien de la comunidad, pues seguiré procediendo de esta manera precisamente por lo que nos dice el Libro de Proverbios «Las palabras en el momento oportuno son como manzanas de oro incrustadas en plata. Como un anillo y un collar del oro más fino, es la sabia reprensión en quien sabe recibirla» (25,11-12). No debo tener ningún miedo a que todo este pueblo se me eche encima o pueda quedarme solo y desolado por querer dar la cara por Dios, pues así dice también el Señor cuando el Profeta Jeremías se encontraba en una situación semejante: «No les tengas miedo, pues de lo contrario te haré temblar de miedo cuando te enfrentes a ellos» (Jer. 1,17).
Queda poco para que la imagen de la Virgen del Rocío sea trasladada de nuevo a este pueblo y por desgracia esto ocasiona mayores desórdenes, ya que hay más afluencia de peregrinos. El mayor acto de caridad que podemos tener hacia el hermano que yerra ha sido siempre decir la verdad y debido también a nuestra obligación de cumplir con la Palabra de Dios: «Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir» (2 Tim. 4,2), me encuentro bajo la constante amenaza de estas autoridades para volver a ser barrido de nuevo del sistema por los servicios sociales (Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y Servicio de Urgencias 112). A pesar de que esta es también una muestra de mi amor hacia las personas de este pueblo, quieren acabar con el mensajero, porque molesta a las conciencias. Grande es también la cobardía de aquellas ovejas descarriadas de esta Iglesia que van a escondidas a dar las quejas a los sacerdotes para que estos finalmente terminen matando a las ovejas más gordas (Ez. 34,3). Estos sacerdotes y fieles no son apenas conscientes que con su mala conducta y comportamiento están crucificando de nuevo a nuestro Señor Jesucristo.
Aquí concluye este breve reproche y reprensión dirigida a este pueblo hecha por un “enfermo mental”, pues antes de que se acuñase este concepto moderno por los intereses de este mundo éramos simplemente “locos”. Entre estos conceptos confusos para el entendimiento humano que ciertamente son medicinales para humillar nuestro ego, amor propio, soberbia y menospreciar aquellas seguridades efímeras de este mundo, siempre se han escondido la figura de los profetas. Todos estamos llamados a esta vocación por el bautismo, pero son muy pocos los que quieren aceptar llevar esta gran cruz. Puesto que hoy más que nunca el Señor necesita más servidores dispuestos al combate, sigue haciendo la misma pregunta que le hizo al Profeta Isaías «¿A quién enviaré como mensajero a este pueblo? ¿Quién irá por nosotros?». —Aquí estoy yo—le dije—. Envíame a mí (Is. 6,8).