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Alejandro Martínez, psiquiatra: “Hacer ejercicio de forma moderada tiene más impacto que muchos ansiolíticos” (Crítica al hilo de algunos comentarios)
ENLACE al artículo del psiquiatra Alejandro Martínez.
En el enlace que comparto en la cabecera de esta entrada de mi Blog se puede acceder a un artículo del psiquiatra Alejandro Martínez, con un interesante título: “Hacer ejercicio de forma moderada tiene más impacto que muchos ansiolíticos”. A esta misma conclusión han llegado muchas personas con su misma vocación, aunque sabemos que lo recomiendan porque existen estudios científicos que lo avalan. En este aspecto no tengo ninguna crítica que hacer al respecto.
Lo que no estoy para nada de acuerdo es con algunos de los criterios de este psiquiatra. Creo que los factores principales que generan ansiedad no son las prisas, el ritmo frenético de la vida ni tampoco la autoexigencia que podamos tener de nosotros mismos. Los detonantes principales de la ansiedad son más bien la duda, la inseguridad, la incertidumbre, la sensación de impotencia ante nuestras grandes limitaciones, la constante frustración ante nuestra insatisfacción de nuestros deseos, el deseo innato de querer tener todo bajo control y todas aquellas circunstancias de nuestra vida que nos hacen sentir vértigo por la cantidad de valles oscuros y tenebrosos que tenemos que transitar. Se suma a estos factores otro más que es la gota que puede colmar el vaso y es aquella soledad que puede sentir el hombre cuando no está habitada por Dios. Y ante esta soledad, la responsabilidad de tener que tomar decisiones sabias para nuestra vida, así como para aquellas personas que tenemos que convivir con ellas para poder cargar mejor también con sus cruces.
Las razones que desencadenan este indeseable estado emocional vienen a resumirse en éstas que acabamos de citar, nos están indicando algo muy importante y es que la ansiedad que se manifiesta de una forma multiforme en las personas y que muchos tratan de escamotear de muchas maneras en la vida con vicios relacionados con el sexo, las drogas u otro tipo de sucedáneos, son en definitiva el último grito que puede estar teniendo el alma ante nuestra sed de Infinito. Lo único que puede remediar la ansiedad es rogar a Dios para que nos aumente la fe, aunque sea al menos como un granito de mostaza para poder mover estas montañas que no nos permiten ver apenas el horizonte y lo que es más importante, tener un amor verdaderamente maduro, pues ya sabemos al respecto lo que nos dice san Juan en su Evangelio: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor» (4,18).
La mayoría de los profesionales de las ciencias “psi” o pecan de ser superficiales, como cuando abordan los problemas que no sabemos gestionar en muchas ocasiones y que les ha servido a ellos para acuñar lo que entienden como “enfermedades mentales” o pecan errando de la manera que hace este joven psiquiatra con esta clase de teorías que solo llaman la atención a aquellas personas que suelen estar arrodilladas bajo el pedestal de una ciencia que para colmo carece de plena objetividad.
Poner nuestra confianza en Dios cuando nos veamos expuestos de esta manera es la única forma de hacer frente al miedo que puede incluso llegarnos a paralizar. Muchos de estos profesionales de la mente saben que es muy necesaria la confianza, tener un asidero para poder sujetarnos que nos permita tener la suficiente paz y seguridad para poder seguir avanzando nuestro camino. Aunque por el orgullo que caracteriza al hombre que emancipa de Dios, con sigilo sibilino muchos tratan de ponerse en el centro donde solo puede estar Dios.
Jamás podremos «curarnos» de la mente, ya que lo que necesitamos de verdad es solucionar o gestionar los problemas de nuestra vida. Por esta razón al menos las personas que nos tomamos en serio nuestra vida espiritual tenemos muy presente que ningún producto (psicofármaco) o servicio (ciencias «psi») podrán servirnos como una ayuda verdaderamente eficaz para poder paliar este mal.