La salud mental no existe. La salud sí

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Mira lo que te voy a decir. La salud mental no existe. Llevo más de 40 años viendo a todo tipo de personas pasar por mi consulta. He escuchado miles de relatos de sufrimiento humano y he visto síntomas de todo tipo. Durante mis primeros años como médico psicoterapeuta cuando la psiquiatría era todavía una especialidad recién nacida, pensábamos que habíamos descubierto la fórmula para resolver todo lo que nos estaba ocurriendo como especie, creíamos que los fármacos y la genética, la medicina y la química nos iban a salvar. Han pasado casi 50 años y esas promesas no se han cumplido. Tenemos cada vez hay más enfermedades crónicas, más suicidios infantiles, más fracaso escolar, más pacientes medicados también más psicólogos, más psiquiatras, pero los especialistas no hemos aprendido a curar el dolor sino a ponerle una etiqueta. La depresión no existe, la ansiedad no existe, la fobia social no existe, la salud mental no existe. Existe el sufrimiento de esta persona detrás de todas las etiquetas, pero cada uno

de esos diagnósticos los hemos inventado los profesionales porque convienen al sistema, no necesariamente al paciente, así que necesitamos una nueva manera de entender al ser humano, volver a colocar a la persona en el centro. No aliviaremos el sufrimiento de nadie a base de sumar psiquiatras, psicólogos, medicinas, psicofármacos, diagnósticos, etiquetas, porque no es cuestión de más, es cuestión de otro enfoque, de otro modelo, de otro sistema, en resumen, de otra forma de mirar.

La salud mental no existe. La salud sí

Después de haber leído la presentación del libro del psiquiatra José Luis Marín (La salud mental no existe. La salud si.), es posible que muchas personas se sorprendan de sus posibles palabras un tanto provocativas y sugerentes. También es cierto que muchos de los que estamos sometidos a este tipo de poder totalitario disfrazado con bata blanca, sabemos que esta disciplina de la medicina es la única que se desarrolla entre diferentes psiquiatras de una forma cismática y aunque con independencia de que esto es algo completamente inaudito con respecto al resto de las especialidades médicas conocidas cuando muchas personas no lo saben, esta presentación a nosotros los usuarios no nos sorprende tanto.

Es cismática en primer lugar, porque desde la espiritualidad cristiana sabemos que cualquier clase de interés espurio embota las mentes de los hombres y en esta disciplina de la medicina existen esta clase intereses por parte de los psiquiatras cuando tratan de mantener su estatus como médicos, que además se une a los intereses de las grandes farmacéuticas que son los que realimentan toda esta gran estructura corrupta. Y en segundo lugar es también cismática porque sabemos que hay psiquiatras que han necesitado tiempo y experiencia para hacer un ejercicio de autocrítica para poder superar la ignorancia que han adquirido en la fase de aprendizaje de su especialidad y por consiguiente también dentro de sus entornos de trabajo donde han seguido esta misma dinámica.     

En esta ocasión quisiera centrarme en el factor del ejercicio por una falta de autocrítica para poder superar al menos un poco más la ignorancia o poco conocimiento objetivo dentro de este campo del saber. Para ello debo de comenzar diciendo que mi recorrido por el sistema psiquiátrico coincide exactamente con mi conversión al catolicismo. Gracias a Dios desde un principio tuve claro que dentro del concepto que gustan llamar «salud mental»  conlleva a tener que aceptar muchas veces de forma inconsciente un grave error, ya que detrás de este telón de fondo existe un misterio que los médicos de la mente lamentablemente no tienen en cuenta.

Con independencia a los factores bio-psico-sociales que pueden inducir a cualquier persona a tener una multitud de experiencias traumáticas con comportamientos  inusuales que ésta mal llamada ciencia confunde según su criterio con supuestas «enfermedades mentales», este misterio al que me refiero y que no ponderan se encuentra directamente relacionado con la ciencia del mal que en este caso tiene su origen en el corazón del hombre (Mateo 15:18-20; Marcos 7:21-23).

Uno de los motivos principales que les impide razonar correctamente se debe al orgullo ciego de una gran parte de la psiquiatría que trata de resolver estos problemas con criterios puramente humanos al margen de la Sagrada Escritura y la propia Tradición de la Iglesia; lo que les hace nacer de esta manera con un miembro menos que invalida o incapacita su quehacer dentro de su disciplina. Este miembro que les falta les impide tener la capacidad intelectual para poder discernir y se origina cuando el hombre saca de la ecuación del mal  el concepto real que la tradición judeocristiana nos ha enseñado desde sus orígenes como «pecado». De esta manera no solamente es inconsciente de que está errando en su criterio, sino que, si siguen manteniéndose en su cerrazón, jamás podrán medir el impacto que nos provoca el resultado de esta fórmula, que vendría a indicarnos el grado de nuestro sufrimiento e ignorancia que los hombres padecemos como consecuencia de nuestras ofensas y rebeldías contra Dios.

Para una persona que pueda ser también creyente, este argumento que podemos explicar con otras palabras más adecuadas y de forma más breve o extensa debería de servirle para desechar esta ciencia con ideología atea y materialista (fisicalismo), por su criterio cerrado basado únicamente en nuestra condición biológica. Mientras que estos médicos de la mente sigan obstinados en que la causa de nuestros traumas y comportamientos inusuales se deben a supuestas descompensaciones químicas en nuestro cerebro y sigan ignorando el pecado como el principal condicionante que nos genera un mal dañando las tres potencias del alma (entendimiento o inteligencia, voluntad y emociones), no podremos llegar a reconocer su ciencia como una disciplina de verdadera utilidad.

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