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El miedo como origen del mal.
«En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo» (1 Jn. 4, 18). Teniendo en cuenta este último versículo del Evangelio de san Juan, podemos hacer la siguiente apreciación: Cuando san Agustín decía aquello de ama y haz lo que quieras», bien podíamos también decir: «no temas y podrás hacer lo que quieras». En otra sentencia también nos dice que «la medida del amor es amar sin medida». Por tanto, será el miedo el dique que el hombre va creando en su corazón, la dificultad o el atenuante que nos va a impedir que podamos amar.
Concluiremos nuestro tratado con varias experiencias reales. Una de ellas cuando me quedé encerrado en el cementerio y otra ocasión cuando hice noche en un cementerio, para poder combatir con los demonios, tal como pudo experimentar San Antonio Abad, que como sabemos es uno de los primeros padres del desierto.

«En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo» (1 Jn. 4, 18). Teniendo en cuenta este último versículo del Evangelio de san Juan, podemos hacer la siguiente apreciación: Cuando san Agustín decía aquello de ama y haz lo que quieras», bien podíamos también decir: «no temas y podrás hacer lo que quieras». En otra sentencia también nos dice que «la medida del amor es amar sin medida». Por tanto, será el miedo el dique que el hombre va creando en su corazón, la dificultad o el atenuante que nos va a impedir que podamos amar.
Concluiremos este tratado con varias experiencias reales. Una de ellas cuando me quedé encerrado en el cementerio y otra ocasión cuando hice noche en un cementerio, para poder combatir con los demonios, tal como pudo experimentar San Antonio Abad, que como sabemos es uno de los primeros padres del desierto.