Robert Kennedy afirma que un cambio en la dieta puede «curar» la Esquizofrenia o el trastorno Bipolar. (Comentario personal acerca de esta noticia)

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Robert Kennedy afirma que un cambio en la dieta puede «curar» la Esquizofrenia o el trastorno Bipolar. (Comentario personal acerca de esta noticia).

FUENTE DE ESTA RECIENTE NOTICIA:

Sí, Robert F. Kennedy Jr., en su calidad de Secretario de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. (según reportes de febrero de 2026), ha afirmado que la dieta cetogénica (keto) puede «curar» la esquizofrenia y el trastorno bipolar.

Con independencia a que estas etiquetas (esquizofrenia, trastorno bipolar, etc.) refieren a unos supuestos patrones comunes en la conducta humana que finalmente han sido entendidas por la ciencia como una «enfermedad», no puedo estar más de acuerdo con el actual secretario de salud y servicios humanos de los Estados Unidos. En primer lugar, lo digo porque hay mucho de cierto cuando se dice aquello de que somos lo que comemos y la alimentación puede afectarnos o beneficiarnos en la medida que nos podemos contaminar con alimentos ultra procesados o comidas poco sanas.

Daría una vuelta de tuerca a esta noticia que se centra en una dieta concreta y que puede parecer sorprendente para muchas personas, pues en el caso de practicar un ayuno o abstinencia de alimento no solamente nos puede aportar beneficios físicos demostrados por la ciencia, sino que también son incluso beneficiosas para nuestra alma (psykhé).

Hoy en día esta práctica milenaria esta en desuso, no está de moda aunque haya adquirido cierta relevancia únicamente porque mucha gente busca adelgazar. Podríamos decir que desde la invención de la refrigeración eléctrica de los alimentos la sociedad ha terminado por rendir un culto peligroso al bienestar (placeres relacionados con la gula) y este factor determina en gran parte otros muchos desórdenes más en las personas.

Pensemos que antes de que existieran los psicólogos tal como los conocemos hoy las personas con problemas (no con enfermedades) recurrían a los ascetas que vivían retirados en los desiertos casi ocultos para el mundo. Los ayunos rigurosos que practicaban estos ascetas no solamente les servían a la unión con Dios, pues de esta manera sentían que se les aclaraba o despejaba sus mentes para poder estar de esta manera más lúcidos, más serenos para hacer una prospección personal y poder mirar además el mundo con ojos de águila. Con seguridad esta práctica formaba parte del proceso para poder sentir la inspiración del Espíritu Santo y de esta manera mejorar su oración con Dios.

Creo que falta otro detalle muy importante que por desgracia también pasa desapercibido por este mundo hedonista y es la práctica de las virtudes, entre tantas la más olvidada y perdida es la castidad y la pureza. Aquellas personas que también practicamos esta virtud sabemos que produce el mismo efecto. Así lo podemos entender también por medio de esta cita del Evangelio: «Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt. 5,8).

El problema que en este caso encontramos aquí se origina de un patrón que en este caso es social y que se repite desde múltiples flancos, pues cuando hoy en día presentamos soluciones que pueden ser naturales y que apenas tienen valor ante las grandes estructuras económicas que se crean por medio de las patentes de los laboratorios farmacéuticos, aparentemente no podemos hacer nada por todos los conflictos de intereses que se generan. Esto como decimos resulta ser en apariencia, pues si nos llega a la suficiente luz a nuestra razón como para creer que en los métodos ancestrales o remedios que ya se encuentran en parte descubiertos en el medio natural son las formas más adecuadas y menos dañinas para restaurar nuestra salud física y espiritual, lo que ofrece la mano del hombre al menos en este caso podemos comprender fácilmente que resulta ser algo vano o inútil.

Pensemos por un instante en el poder de sugestión de nuestra mente, cuando creemos sin dudar que, de alguna manera que se nos escapa a nuestra lógica también podemos ser sanados o podemos hacer algo que supera nuestros límites. Esto es lo que desde la perspectiva natural llamamos «efecto placebo» y que a su vez es lo que viene a asemejarse desde su dimensión sobrenatural como la virtud de la «fe». Aunque en este último caso se precisa necesariamente de la intervención de Dios, por medio de esta virtud teologal podemos encontrar la única solución a nuestro mayor mal, que es en primer lugar vencer nuestra ignorancia y finalmente hacer frente a nuestra propia muerte que es el momento más decisivo en ésta, nuestra vida.

Como conclusión podemos llegar a considerar que una dieta o práctica de ayuno `pueda ser beneficiosa para nuestra salud física o del alma. Lo que es inadmisible es que estas u otras prácticas mejoren en este caso las “enfermedades mentales”, ya que este es un concepto que no se ajusta a la realidad de la persona. Lo que sí existen son los desórdenes mentales provocados por nuestros pecados. Estos desórdenes en última instancia perjudican nuestra razón y también nuestra propia conciencia, impidiéndonos la posibilidad para poder hacer un discernimiento correcto y de esta manera podamos llegar a tener un criterio más ajustado a la verdad.  

2 comentarios

    • Así es, pues no hay enfermedades mentales, sino problemas en la vida que por intereses varios se patologizan. Por esta razón los problemas no se medican, sino que se deberían de solucionar. Este es el camino correcto entre tanta confusión y engaño.

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