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La fuente de inspiración que me ha servido para realizar esta breve reflexión sobre la soledad no deseada, puede leerse en este artículo publicado en La Vanguardia por parte del presidente de honor de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, José Luis Marín.
La otra cara de la moneda de la soledad no deseada.
La soledad en esta vida es una realidad inherente a nuestra naturaleza humana, pues, aunque en un principio nacemos unidos por un tiempo al vínculo más importante de nuestra vida que es el maternal, todos nos dirigimos hacía el momento más determinante y al mismo tiempo más trascendente que será nuestra propia muerte. Aunque en el momento de nuestra muerte podamos estar rodeados de nuestros seres más queridos, lo cierto es que este tránsito de nuestra vida debemos de afrontarlo completamente solos.
Como persona que practica la religión católica, he de decir que este tipo de titulares que cada vez son más populares en los medios de comunicación, en esta ocasión me brinda la oportunidad de hacer otras breves reflexiones que bajo mi humilde opinión considero que son mucho más profundas.
Se supone que la personas no quieren estar solas, aunque de medio siglo hasta este momento aproximadamente, se ha ido rompiendo exponencialmente todo el tejido social más importante. Primero en las familias con los divorcios y después abandonando los hijos a sus padres en asilos, porque a muchos les supone un estorbo para poder seguir teniendo una vida independiente. Aunque muy pocas personas saben y al mismo tiempo denuncian que esta autodestrucción silenciosa en la sociedad que ha hecho que termine desbocándose la soledad no deseada, en verdad comenzó con el abandono o la apostasía de un gran número de fieles bautizados que un día tomaron la decisión de dejar solitarios los sagrarios, donde el Santísimo nos espera a todos para que podamos hacerle compañía en el silencio. Muchos quieren, por tanto, sentirse acompañados cuando en verdad han sido los primeros en darle la espalda a Dios.
Ahora quizá otros puedan comprender cual es la otra cara de la moneda, pues aquellas personas que dejaron de frecuentar los Sacramentos y tomaron la mala decisión de abandonar al Señor, son las mismas que ahora se quejan de su soledad no deseada. En sus manos se encuentra aún la solución a su mal aparente, pues para poder encontrarnos con el Padre es necesario que volvamos a la Iglesia que Él mismo fundó por medio de su Hijo Jesucristo. En la Iglesia podemos decir que gracias a Dios aún quedan personas que se preocupan de otras que tienen, por ejemplo, este y otros tipos de necesidades que nosotros llegamos a considerar como pobrezas, para que puedan encontrar también en nosotros algún tipo de consuelo espiritual.
La conclusión personal que en este caso puedo llegar es que, aunque ahora muchas personas se lamentan de que están o se sienten solas, esto sucede en verdad porque en la mayoría de los casos ellos mismos con mayor o menor consciencia eligieron libremente este camino. Aunque para muchos de ellos la “solución” se encuentra en quejarse y lamentarse de este estado, sabemos que aún están a tiempo de rectificar su camino mientras estén vivos, con el fin de que puedan llegar a entender la soledad no como un mal sentimiento, sino como una experiencia necesaria que también forma parte de nuestro verdadero encuentro con Dios.
Respuesta por correo electrónico de un psicólogo jubilado que trabajó para el sistema sanitario público.
Hola
Me da que no conoces a todas estas personas “que dejaron de frecuentar los Sacramentos y tomaron la mala decisión de abandonar al Señor, son las mismas que ahora se quejan de su soledad no deseada”, al igual que tampoco a los que hicieron lo opuesto. Tu experiencia es valiosa, y la de los demás también y esta última te es ajena.
Saludos
Buenas tardes, M.
En esta reflexión que he compartido con Ud. no cometo semejante imprudencia al generalizar, tal como lo ha hecho Ud. en otras ocasiones cuando a juzgado a la Iglesia de esta misma forma. En este caso me dirijo a un estrato social de personas muy concreto que sienten la soledad no deseada y que en un tiempo pasado dejaron de un lado su práctica religiosa y que ahora se suelen quejar y lamentar de algo que con mayor o menor consciencia son responsables, como es en este caso de su soledad. Puede, por tanto, apreciar en el texto el siguiente matiz: «de un gran número de fieles bautizados que un día tomaron la decisión de dejar solitarios los sagrarios».
No hago ningún comentario sobre aquellas personas incrédulas o que nunca han creído en Dios ya que por desgracia desconozco sus circunstancias varias y complejas que experimentan o han experimentado, y que por ello no tuvieron una oportunidad tan clara de poder conocerle de la misma manera que por ejemplo la he tenido yo. Esta razón tampoco exime de la culpabilidad de que estas personas lleguen a experimentar el azote de estar o en el peor de los casos, sentirse solas, ya que según han demostrado algunas personas como como puede ser santo Tomás de Aquino, podemos llegar a tener certeza absoluta de que existe un Ser superior a nosotros por medio de nuestra razón y la misma creación.
Saludos
Hola Suso
Se de tu voluntad de ser prudente y eso te honra.
No obstante, dices que en ese sentido matizas con «de un gran número de fieles bautizados que un día tomaron la decisión de dejar solitarios los sagrarios». Lo que yo te quería decir es que no conoces a ese gran número, que además ni siquiera pidieron el bautismo, sino que fueron bautizados sin ser consultados, o sin tener capacidad de saber que se supone que hacían con ellos.
Cada persona es un mundo y solo ellas saben de su relación con la vida, y los demás no tenemos derecho a juzgar su intimidad y su propósito.
A seguir desarrollando la prudencia y las demás virtudes, entre ellas la amabilidad y el no juzgar al otro, y aunque se juzguen sus actos, no se puede juzgar sus motivaciones sin conocerlas.
Saludos
Buenos días, M.
Entiendo mejor ahora lo que me quiere decir, aunque lo cierto es que para hacer una valoración con certeza a la hora de la verdad sabemos muy poco de números exactos, y esto lo podemos suplir por medio de nuestra propia observación y experiencia para hacer una estimación que más o menos se aproxime a la objetividad, que es lo que en este caso me he basado personalmente. Por ejemplo, en su caso tampoco conoce el número de personas exactas que padecen las nefastas consecuencias de la mala praxis por parte de la psiquiatría y sin embargo muchas personas valoran con objetividad lo que ha escrito Ud. con respecto a este tema. Lo que quiero decirle con esto es que Ud. también hace lo mismo que yo, pero en otros campos que yo no tengo conocimiento.
Me sigue pareciendo importante que pueda saber establecer la diferencia entre hacer un juicio a una persona que en este caso ambos pudiésemos conocer en común y un juicio colectivo como sucede en este caso que abarca una determinada muestra social. Lo que debemos de tener muy claro, es que no podemos juzgar al pecador, pero al menos por mi compromiso como cristiano tengo el deber de juzgar en primer lugar mi propio pecado y también el de los demás. Quizá lo que le confunde es esto último que incluso dice comprender Ud., pues, debido a que el mal es inherente a la propia persona, piensa que cuando al menos en mi caso hago este juicio no valoro a la persona como tal. Todo lo contrario, pues de lo que se trata es que entre nosotros nos ayudemos a dar lo mejor de sí con nuestros buenos criterios y posibles correcciones fraternas.
De la misma manera que Ud. no estima la voluntad de aquellos padres que decidieron dar desde un principio el don del bautismo a sus hijos, salvando mucho las distancias, puedo llegar a comparar este ejemplo en la Iglesia con aquella muestra social de personas que por ignorancia o ingenuidad cayeron en las manos de la psiquiatría y también en de otros malos psicólogos que sabemos que trabajan mano a mano con estos médicos. Lo cierto es que con respecto al ejemplo que le he puesto del bautismo, hay padres que se comprometen a inculcar a lo largo de la vida a sus hijos los valores cristianos y para otros padres con una actitud más laxa se tomaron todo esto como un pasatiempo más en la vida. Por eso comprendo que banalice el sacramanto que nos hace hijos de Dios, porque en el fondo desconoce muchos de estos detalles como pueden ser estos que le acabo de contar.
Gracias
Hola Suso
Entiendo que seguro que tienes una perspectiva más capaz de juzgar esas cosas.
No obstante, decirte que igual no banalizo vuestros sacramentos, y casi te diría que defiendo la religión/las religiones, incluyendo la tuya y tu derecho a profesarla, más que muchos que dicen ser devotos (y luego andan bombardeando por ahí, en nombre de Jesús y Dios, o apoyando los bombardeos mientras son de misa diaria).
Animo con tu trabajo
Habría que saber si estas personas a las que se refiere están en comunión con la Iglesia católica y en qué grado. De cualquier modo, ya hemos abordado la importancia de la coherencia y esto no es fácil para nadie porque exige un conocimiento de uno mismo bastante profundo. Yo no puedo considerarme plenamente coherente, pues soy consciente de mis muchas faltas. Supongo que, aunque Ud. no sea creyente estará en gran parte de acuerdo conmigo.
Muchas gracias
Sí, seguro que habrá que ver eso.
Saludos