Dirección:
Almonte (Huelva)
Disponibilidad completa:
E-mail: buenanueva@hotmail.es

La “esquizofrenia” ¿Un don o “enfermedad mental»?
Después de haber leído este artículo de carácter científico que de partida tiene la buena intención de allanar las elevadas colinas de los estigmas que son provocados por las “enfermedades mentales” y, que en este caso particular se centra en esa etiqueta psíquica que suena como otras muchas tan chirriante como resulta ser la “esquizofrenia”, me gustaría compartir al respecto algunas breves reflexiones.
Lo primero que trata de transmitirnos Esther Pousa desde su criterio como psicóloga clínica del Hospital de Sant Pau (Barcelona), es que: «Escuchar voces no es estar loco. Rotundamente, no». Esta afirmación nos ayuda a llegar a la conclusión de que en vez de reconocer que la causa del daño que produce el estigma son los juicios ⸺llámense eufemísticamente dentro del entorno psiquiátrico⸺ clínicos o diagnósticos; en el fondo su principal objetivo no es otro que tratar de concienciar a la sociedad sobre cómo deberíamos cargar con el yugo pesado que en este caso es fruto del ejercicio profesional de estas personas. En otras palabras podemos decir que la causa principal del estigma, no se engendra como erróneamente se llega a creer en primera instancia en aquellas personas afectadas por un problema vital (psiquiátrico o psicológico), sino más bien en el juicio clínico que termina materializándose en un diagnóstico de una supuesta “enfermedad mental”, tal como sucede en este caso particular con la “esquizofrenia”.
En general este artículo con una perspectiva puramente científica, parte de la suposición que las voces que escuchan ciertas personas son tan reales como las que todos percibimos, pero que no lo son. Esto termina siendo una afirmación un tanto absurda, pues si recurrimos a una analogía semejante, la medicina no puede negar la certeza de la ceguera de los hombres mientras siga existiendo personas que por multitud de razones son invidentes. Siguiendo este mismo hilo, podemos añadir además que, si todas las personas naciésemos en esta vida invidentes, nuestra inteligencia no podría descartar por esta razón la existencia de la luz y los colores que en este caso dan tanta belleza a este mundo y a todo el cosmos. Con independencia a esta hipotética discapacidad innata, la luz seguiría siendo real, aunque tendríamos que concebirla de otra manera muy diferente, como vendría a ser en este caso concreto por medio del calor que un foco desprendería sirviéndonos de nuestro sentido del tacto. Por tanto, aquellas experiencias que la ciencia ha clasificado como alucinaciones auditivas o visuales, precisamente por tratarse en este caso como algo que el inusual, son tan reales como nosotros mismos.
Con todo esto que acabamos de exponer, lo que hemos hecho es descubrir la otra cara de la moneda que especialmente la comunidad científica no quiere ver o se niega a aceptar, ya que les obligaría a salir de aquellas ideas propias que les aportan comodidad, pues cuando hablamos de esquizofrenia ciertamente no tratamos de una enfermedad ni tampoco es mental, sino que podemos considerar que estas personas tienen un sentido visual o auditivo más desarrollado que la mayoría y que por falta de conocimiento y consenso se ha terminado de interpretar de esta manera errónea. En verdad lo que estas personas han terminado de asumir como un problema de salud, se trata más bien de un don que nadie les va a poder enseñar a manejar hasta que lo puedan aceptar de esta manera. Para aprender a dominar su don, no van a poder contar con las luces cortas propias de la ciencia, sino en todo caso de la fe o la espiritualidad.
Toda la información que encontramos en este artículo centrada en los neurotransmisores y otros aspectos físicos de nuestro cerebro con carga materialista no deberían de tomarse demasiado en serio, pues como sabemos la ciencia descarta factores tan esenciales como son en este caso los espirituales. Aquí es donde se debería de tener muy presente que todas las personas libramos un combate espiritual entre el bien y el mal en el fondo de nuestros corazones. La ciencia en este sentido camina completamente ciega, y esta minusvalía espiritual que le hace descartar y no considerar la otra Realidad que en este caso sostiene todo, le impide alcanzar el conocimiento de la verdad, que es lo que nos va a aportar en primer lugar seguridad y por ésta la paz que desde lo más profundo de nuestro ser todos anhelamos.
Estas personas no deberían de resignarse por complejo o miedo a vivir su experiencia de una forma solitaria ante la mentalidad dominante que no termina de aceptar la realidad de un mundo escondido para nuestros sentidos. Cuando asumen alguna experiencia como una alucinación sin hacerse ningún tipo de cuestionamiento personal frente al criterio de esta mentalidad dominante, sin darse cuenta están afirmando que es algo que no es real, cuando en verdad si que lo es y esto significa que sus experiencias visuales y/o auditivas son ajenas a sus personas. Pocos saben que deberían de tener mucha prudencia cuando cuentan estas experiencias a los psiquiatras, pues sin darnos cuenta estamos descubriendo nuestra vida interior a otras personas que especialmente en estos entornos suelen estar faltas de empatía y comprensión.
Lo cierto es que como personas tenemos mucha más complejidad que el propio universo y que hay tantas formas de descubrirnos a nosotros mismos partiendo ya desde los límites de nuestra propia singularidad. Por esta razón el problema en esta ocasión no son sus voces o visiones, sino la interpretación personal que cada uno le pueda dar. Cuando alguien se enfrenta a este tipo de problemas como podría ser cualquier otro, debería de tener sus sentidos orientados como una antena o un receptor a lo más Alto, que es Dios, para saber identificar lo bueno que nos llega a nuestro corazón y por lo contrario eliminar, mitigar o poder comprender mejor aquellas interferencias que tanto pueden llegar a perturbar nuestra paz.