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El recorte de los derechos y libertades de ciertas personas bajo la justificación de una supuesta incompetencia mental.
Aunque en principio pueda parecer un contrasentido e incluso muchos puedan llegar a pensar que sea algo que rasgue lo absurdo, a continuación, vamos a exponer una serie de razones que justifican porqué los cristianos especialmente deberíamos de combatir espiritualmente con el mecanismo opresor y perverso que todos conocemos como «psiquiatría».
Podríamos pensar erróneamente que todo mal en el hombre tiene origen en una raíz maligna, aunque, por ejemplo, cuando una persona roba porque tiene necesidad de comer, según cita el Catecismo Mayor de la Iglesia Católica, en verdad no esta cometiendo ningún pecado. De la misma manera que sucede con este primer ejemplo que acabamos de poner, podríamos seguir enumerando un sinfín de ejemplos, solo que nuestra capacidad humana no tiene la facultad para poder juzgar el fuero de las conciencias de aquellas personas que a priori nos podrían parecer a nuestro juicio que cuando hacen un mal es porque poseen una raíz maligna.
Si alguien se pregunta dónde quiero ir a parar con esta introducción en primer lugar es porque las cárceles de este mundo hay muchas personas que podríamos absolver por su conciencia inocente, aunque hayan cometido un posible delito. Es la condena justa o injusta para aquellos hombres que de forma flagrante muchas veces a nuestro parecer actuaron mal o incorrectamente.
Las cárceles, los calabozos, las cadenas, los cepos y toda esa clase de castigos humanos que sirven para corregir o dar su merecido a una persona son inherentes a la misma historia del ser humano, aunque con el tiempo, la perversidad del hombre motivó una vuelta más de rosca, cuando se percató que hay personas que interesan ser apartadas porque son un peligro para esta sociedad borreguil que apenas piensa por sí misma. Esta razón es la que ha ido maquinando otras técnicas más sibilinas que en este caso particular han servido hasta el momento presente para desacreditar a ciertas personas que no las pueden meter en una cárcel, porque si llegasen a proceder de esta manera ante la conciencia social, quedarían delatados los artífices de estas técnicas. Lo que hacen en este último caso en el nombre de la “ciencia” para desacreditar a una persona, será ejercer un juicio por parte de un servicio sanitario dependiente del Estado para valorar en último término la supuesta incompetencia mental de aquellas personas que molestan a los poderosos.
Cuando estas personas supuestamente valoradas como incompetentes mentales son desacreditadas y siguen molestando al poder, dichos mecanismos sanitarios proceden finalmente a recortar sus derechos y libertades por medio de encierros involuntarios en psiquiátricos y en el último término se les ata a una cama lejos de los ojos del mundo. Finalmente, se les pauta de por vida una batería de correctivos químicos que en el fondo lo que van a tratar de perseguir es hacer una sumisión química para que terminen desistiendo de sus intenciones que por norma general suelen estar orientadas al beneficio común de nuestra sociedad.
En ocasiones muy fortuitas y limitadas estas personas que han sido valoradas con una supuesta incompetencia mental han podido tener el privilegio de ser conocidas para poder denunciar los principios que les han conducido a este mecanismo perverso y opresor que les ha terminado barriendo de la sociedad. Aunque por desgracia, somos muchísimos más numerosos los que padecemos en silencio esta injusticia, en primer lugar, porque media sociedad se encuentra dormida a causa de su insensibilidad y falta de conciencia. La otra mitad que cree estar despierta, piensa que este mecanismo de sumisión que puede ponderar esta valoración le parece bueno porque forma parte de algo que no se puede cuestionar, ya que se camufla bajo un disfraz que en este caso goza de una precisión e infalibilidad incuestionable. Este disfraz con el que se camufla y que efectivamente en ciertas disciplinas y no en ésta goza de cierta precisión e infalibilidad tal como ya hemos hecho mención es la propia ciencia.
El condimento que en esta ocasión hace que toda esta reflexión tenga una relación directa con la espiritualidad cristiana es la vocación profética. Se podría pensar que los profetas conocidos del Antiguo Testamento eran los únicos que padecían el desprecio y maltrato por causa de la verdad y la justicia. Sin embargo, las personas que hemos sido sumergidas bajo las aguas del bautismo tenemos el mismo valor ante los ojos de Dios que aquellos y, esto significa que los cristianos que verdaderamente nos comprometemos con Dios y con nuestros prójimos deberíamos de correr la misma suerte, si es que de verdad queremos ser auténticos. Cuando digo “deberíamos”, es porque no todos los bautizados ⸺y yo me atrevo a decir la gran mayoría⸺ quieren ejercer su vocación profética, pues en el fondo saben que en estos tiempos que corren también serían perseguidos por estos perversos mecanismos sanitarios.
Como profetas, estamos llamados también a romper con cualquier mecanismo perverso que oprima a las personas, especialmente cuando éstas sean más débiles e indefensas. La psiquiatría es uno de los objetivos que todos los cristianos deberíamos de hacer frente, ya no solamente para defender a estas personas débiles e indefensas, sino también por nosotros mismos, ya que lo que la mayoría ignoramos que en el fondo somos el principal objetivo que quieren y también necesitan controlar, con el fin de conseguir disuadirnos del combate espiritual.
Como podemos apreciar, todo esto tiene mucho sentido, pues estos motivos que hemos expuesto aquí para nosotros los creyentes nos deberían de poner en guardia y para aquellos que no lo son, al menos les debería de servir para llegar a la sencilla conclusión de que la psiquiatría va más allá de lo superficial, de lo físico, de lo corporal o bioquímico, pues en el fondo esto es una confusión que conduce a un gran engaño, ya que estos hilos perversos también son movidos por una razón preternatural. En efecto, pues es el Maligno quien trata de evitar por medio de este mecanismo de poder-saber que nos podamos tomar en serio nuestro combate espiritual y por el lado de los incrédulos, lo hace en este caso para evitar que puedan llegar a alcanzar el conocimiento de la verdad.
Todo esto en el fondo tiene un fin que es muchísimo más perverso de lo que podemos llegar a imaginar, pues aunque por desgracia esto pasa completamente desapercibido para muchos pensadores en el mundo e incluso para muchos teólogos que la Iglesia tiene mayor estima, lo que en verdad trata de conseguir el Maligno por medio de esta supuesta invalidación de las mentes humanas sirviéndose de este mecanismo de control social es deformar o distorsionar la imagen y semejanza que tenemos con nuestro Creador. Todas aquellas maquinaciones suyas que le han servido a lo largo de la historia para deformar nuestra alma que como sabemos se compone de las tres potencias (inteligencia/razón, voluntad, memoria/emociones), les han servido para llevarle a su propio clímax, que no podemos pensar que sea de placer, sino más bien de gozar con el mal. Su mayor clímax es en primer lugar que el hombre se convierta en un depredador para sí mismo y después para los demás. Esta viene a ser la explicación racional por la que la psiquiatría en este caso se ha convertido para este ser perverso en un arma de doble filo.
Ahora es el momento que deberíamos de preguntarnos a quien sirve verdaderamente más la psiquiatría, si al hombre o al enemigo de nuestra naturaleza. Si respondemos correctamente a esta pregunta, finalmente deberíamos de cuestionarnos especialmente los cristianos si estamos combatiendo espiritualmente con todos nuestros medios que podamos tener a nuestro alcance y con todas nuestras fuerzas contra esta arma de doble filo de Satanás que en el fondo lo que está haciendo es impedirnos hacer el bien con toda la radicalidad evangélica.
Carta de concienciación y sensibilización a favor de las personas atendidas en los servicios públicos de salud mental enviada a 87 obispos españoles.

De: Jesús del Pino Marín
Enviado: jueves, 2 de abril de 2026 12:40
Para: iev@archivalladolid.org <iev@archivalladolid.org>
Asunto: El recorte de los derechos y libertades de ciertas personas en el nombre de una supuesta incompetencia mental.
Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Luis Javier Argüello García.
Hay una enorme probabilidad dentro de la vida común de las personas en la que nuestros esfuerzos por defender la verdad y luchar por establecer la justicia suelen pasar muy desapercibidos a los ojos del mundo. Este servidor que le escribe es, en este sentido, esta clase de personas que somos como una estrella fugaz en medio del cosmos infinito, aunque debo decir que todo mi esfuerzo y sufrimiento en esta vida podría haber valido la pena si al menos hubiese podido conseguir que la Iglesia de Cristo llegase abrir sus ojos para poder elevar su voz a favor de aquellas personas que padecemos la cruz de la psiquiatría. Solo de esta manera todos podremos conseguir en primer lugar que esta ciencia pueda ser mucho más humana.
Una de las misiones más importantes que tenemos los cristianos es tratar de delatar las obras del demonio. Esta ha sido mi intención desde que la voluntad del Señor permitiese en mi vida que la psiquiatría fuese la cruz con la que me sigo santificando. En este sentido, considero humildemente que, con esta reflexión que me gustaría compartir con Ud. a pie de página, lo he podido hacer de una forma clara y explícita.
Le ruego toda la comprensión posible por su parte para que pueda colaborar con nosotros, ya que cuanto antes procuremos tener todo esto advertido, seremos muchos más cristianos los que nos podamos defender mejor de este mecanismo perverso y opresor disfrazado bajo la apariencia de bien y que sabemos que es dependiente de los poderes del Estado. Lo que trato de comunicarle en resumen es que, aunque a priori le pueda parecer algo absurdo o poco importante, todo esto en verdad forma parte de un plan estratégico para que podamos combatir a tiempo esta arma ideada por los enemigos de la religión.
Esta reflexión tiene por título: «El recorte de los derechos y libertades de ciertas personas en el nombre de una supuesta incompetencia mental».
https://novaevangelizatio.org/6281-2 (Este es el enlace electrónico original).
Se despide atentamente agradeciendo su atención:
Jesús del Pino Marín.
Tlf.: 636 75 32 59.