Jesús en el momento de su Pasión, clama al Padre para comunicarnos desde su Sagrado Corazón que no hay un insulto mayor que ser tratado con la etiqueta social de “enfermo mental” o “loco”. (Relato extraído de las 24 Horas de la Pasión, escrito por la Sierva de Dios María Piccarretta).

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Jesús en el momento de su Pasión, clama al Padre para comunicarnos desde su Sagrado Corazón que no hay un insulto mayor que ser tratado con la etiqueta social de “enfermo mental” o “loco”. (Relato extraído de las 24 Horas de la Pasión, escrito por la Sierva de Dios María Piccarretta).

Las 24 Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo», escrito por la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, suele destacar el libro como una meditación profunda y detallada de las últimas horas de Jesús, diseñada para reparar las ofensas y consolar su Corazón Sagrado. Este texto, recomendado para la cuaresma, invita a los fieles a unirse espiritualmente al sufrimiento de Cristo. 

De las 7 a las 8:00 h de la mañana (15ª hora).

Jesús ante pilatos. Pilatos lo envía a Herodes.

[…]

Entonces Pilatos, viendo el furor de tus enemigos y para desentenderse, te envía Herodes.

Rey mío divino, quiero repetir tus plegarias, tú reparaciones y quiero acompañarte hasta Herodes… veo que tus enemigos, enfurecidos, quisieran devorarte y te llevan entre insultos, borlas y befas, haciéndote así llegar ante Herodes; el cual, en actitud de soberbia te hace varias preguntas, pero Tú no las respondes, ni siquiera lo miras… Y él, irritado al no verse satisfecho en sus preguntas y sintiéndose humillado por tu prolongado silencio, declara a todos que Tú eres un loco, un demente; y ordena que como tal seas tratado; y para deshonra arte y despreciarte hace que seas vestido con una vestidura blanca y te entrega la soldadesca para que te haga lo peor que pueda…

Inocente Jesús mío, nadie encuentra culpa en ti, sino solo los judíos, pues por su falsa e hipócrita apariencia de religiosidad ¡no merecen que resplandezca en sus mentes la luz de la verdad!

Jesús mío, Sabiduría infinita ¡Cuánto te cuesta ser declarado loco! Los soldados, abusando de ti, te arrojan al suelo; te pisotean, te cubren de salivazos, te escarnecen, te apalean con bastones… y recibes tantos golpes que te sientes morir. Son tantas y tales las penas, los oprobios y las humillaciones que te hacen, que Los Ángeles lloran y con sus alas se cubren el rostro para que no verlas…

Y yo también, mi loco Jesús, quiero llamarte loco, pero loco de amor… y es tan grande tu locura de amor que en vez de desfallecer, rezas y reparas por las ambiciones de los gobernantes que ambicionan reinos para ruina de los pueblos; por las destrucciones que provocan, por toda la sangre que hacen derramar, por sus caprichos, por todos los pecados de curiosidad y por las culpas que se cometen en los juzgados y en la milicia.

¡Oh, Jesús mío, que conmovedor es verte en medio de tantos ultrajes orando y reparando! Tus palabras resuenan en mi corazón y sigo lo que Tú haces…

Déjame ahora que me ponga a tu lado y que tome parte de tus penas y te consuele con mi amor. Y alejando de ti a tus enemigos, te tomo entre mis brazos y para darte fuerzas y besarte la frente…

Dulce amor mío, veo que no te dan reposo y que Herodes te envía nuevamente a pilatos… si la avenida ha sido dolorosa, más trágico será el regreso, pues veo que los judíos están más enfurecidos que antes y están resueltos a hacerte morir a cualquier precio. Por ello, antes que salgas del Palacio de Herodes quiero besarte para testimoniar de mi amor en medio de tantas penas y así te seguiré de nuevo ante Pilatos…

De las 8 a las 9:00 h de la mañana (16ª hora).

Jesús de nuevo ante pilatos.

El pospuesto a barrabás.

Jesús es flagelado.

Atormentado Jesús mío, mi pobre corazón atormentado te sigue entre angustias y penas, y viéndote vestido de loco y sabiendo quién eres Tú, Sabiduría infinita, que das a todos el juicio, me siento enloquecer y exclamo ¿Cómo? ¿Jesús… loco? ¿Jesús… malhechor? ¡Y ahora vas a ser pospuesto a un gran malhechor: a Barrabás!

Jesús mío, santidad infinita, ya te encuentras otra vez ante Pilatos y este al verte tan malamente reducido y vestido de loco, y sabiendo que tampoco Herodes te ha condenado, se indigna aún más contra los judíos y más se convence de tu inocencia y confirma que no quiere condenarte, pero queriendo contentar en algo a los judíos, y como para aplacar el odio, el furor, la rabia y la sé que tienen de tu sangre, te propone a ellos junto a barrabás… pero los judíos gritan: “¡No queremos libre a Jesús sino a barrabás!” Entonces Pilatos, no sabiendo ya qué hacer para calmarlos, te condena la flagelación.

Despreciado Jesús mío, el corazón se me hace pedazos al ver que mientras que los judíos se ocupan de ti para hacerte morir, Tú, concentrado en ti mismo, piensas en dar la vida por todos la Vida… y poniendo yo atención en mis oídos, te oigo que dices:

“Padre Santo, mira a tu hijo vestido del loco… esto te repare por la locura de tantas criaturas caídas en el pecado. Esta vestidura blanca sea en tu presencia como la disculpa por tantas almas que se visten con la lúgubre vestidura de la culpa… ¿Ves, oh, Padre, el odio, el furor, la rabia que tiene en contra Mí, que les hace perder casi la luz de la razón? ¿Ves la sed que tienen de mi sangre? Pues Yo quiero repararte por todos los odios, las venganzas las iras, los homicidios, e impetrar para todos la luz de la razón. Mírame de nuevo, Padre mío, ¿puede haber un insulto mayor? […]

[…]

Breve comentario personal al respecto:

En este valioso relato extraído de las 24 Horas de la Pasión escrito por la Sierva de Dios María Piccarretta, pone de manifiesto de una forma explícita y objetiva una realidad que es evidente para aquellos que tenemos la etiqueta social de “enfermos mentales” o “locos”. La insensibilidad y falta de conciencia de aquellas personas que lo viven desde fuera con cierta superficialidad, no tienen apenas capacidad para poder entender que esta etiqueta social que ha sido acuñada en primer lugar por la sociedad y consolidada finalmente por la misma ciencia, resulta ser un insulto que humilla gravemente a quienes podemos tener ante los ojos del mundo comportamientos inusuales que en verdad son causados por traumas profundos experimentados en nuestras vidas. En ocasiones este tipo de comportamientos en nuestro colectivo se deben también a nuestra actividad desafiante ante los poderosos, lo cual hace que terminemos siendo para ellos una causa de molestia que los lleva a desacreditar de una forma tramposa y sucia nuestro buen juicio.

Estos traumas o problemas vitales que podemos experimentar en nuestra vida se hacen mucho más frustrantes y dolorosos cuando nos damos de bruces con los psiquiatras, pues cuando tratan de convencernos de esto y no lo consiguen, nos imponen el criterio de que nuestros problemas no los tenemos en nuestra vida, sino más bien en la bioquímica de nuestros cerebros. Esto no solamente hace que eviten comprometerse de forma comprensiva con aquellas personas que tratan, pues además terminan haciéndonos sufrir mucho más cuando nos aplican tratamientos químicos involuntarios que tienen una multitud de efectos secundarios que nos impiden tener una calidad de vida aceptable.

En cuanto a mi persona, me gustaría finalizar este breve comentario haciendo mención a la inmensa gratitud que siento, por el hecho de que el Señor me haya concedido la gracia de poder tener una pequeña participación de sus penas, pues la humillación y la injusticia que llevo experimentado desde hace 22 años con la cruz de la psiquiatría me han servido para poder santificarme cada día un poco más. Quisiera dejar claro que, con independencia de este camino diario de conversión personal me ha sido útil hasta el momento para poder santificarme, no he dejado de militar contra el detonante de esta injusticia social, así como aquella que se perpetra en último término por medio de la psiquiatría, para que se puedan ajustar en lo posible a la Justicia de Dios. Esto dependerá directamente de la necesidad urgente de que tanto el mundo como su ciencia puedan llegar a humanizarse a través de la práctica del amor fraterno, lo que debería de implicar definitivamente la integración de la espiritualidad cristiana dentro de la especialidad psiquiátrica.

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