Las mayores locuras de mi vida

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Las mayores locuras de mi vida

Si, me he desnudado integralmente al finalizar una misa dominical; he pasado una noche entera rezando el Santo Rosario escondido en la fosa de un cementerio y he evacuado en un centro de salud.

De la misma manera que sucede cuando los buenos cristianos no nos tiemblan las manos al condenar el pecado y cuando al mismo tiempo a pesar de tratar de salvar al pecador somos acusados y atacados por ser radicales, intolerantes y muy astutamente en nuestro tiempo por el hecho de odiar a una persona o un colectivo; así como también cuando somos beligerantes contra el mal y la injusticia en general, muchos nos damos cuenta de que la acusación de la locura siempre ha sido un mecanismo de defensa del mundo para no escuchar. Por eso es importante considerar la triple estrategia para describir cómo las adversidades y tentaciones buscan apartar al creyente de su propósito: Los halagos (seducción), los temores (coacción) y la desautorización (desacreditación) que es el eslabón final que en este caso se relaciona con la etiqueta de la locura.

Tal como expreso en el titular de esta entrada del Blog, el domingo 7/8/2016 me ingresaron en la planta de psiquiatría del Hospital Universitario Principe de Asturias en Alcalá de Henares (Madrid), por haberme desnudado al finalizar la misa dominical. Todo estaba muy bien pensado, pues al finalizar la misa me quité la ropa y me subí al presbiterio desnudo cantando: «Gloria, gloria, aleluya (bis)… Cuando sientas que tu hermano necesita de tu amor, no le cierres las entrañas ni el calor del corazón. Busca pronto en tu recuerdo la Palabra del Señor: Mi ley es el Amor» Tras estos hechos tengo que decir que me ingresaron involuntariamente a pesar de subir por mi propio pie de forma voluntaria y pacífica a la ambulancia.

Las razones están muy bien recogidas en este informe, que además tuvieron la agudeza de llegar a observar que me explicaba con elocuencia, pues también he tenido la ocasión de revivir aquellos mismos hechos de nuevo con el Mons. José Vilaplana Blasco y Mons. Santiago Gómez Sierra, que actualmente es el obispo de Huelva. Por aquel entonces, estuve esperando durante dos años y medio para tener una audiencia con Mons. Juan Antonio Reig Pla para tratar personalmente con él algunos asuntos importantes, aunque las muchas cartas enviadas por medio de mi director espiritual lamentablemente propiciaron aquel mismo hecho de san Pablo, cuando el gobernador Festo le gritó en pleno juicio: «¡Estás loco, Pablo! Las muchas letras te han vuelto loco» (Hch. 26:24).

La segunda ocasión no requirió ningún ingreso, a pesar de ser la primera y única vez que me dejé de tomar el tratamiento que me han obligado a tomar durante 22 años hasta ahora y que tanto me ha perjudicado la salud física y psíquica. Un viernes 30 de enero del año 2015 pasé una noche entera velando y rezando el Santo Rosario escondido dentro de una fosa del cementerio viejo de Alcalá de Henares. Localice un día una fosa vieja y destrozada, medio tapada para poder ocultarme. Me dejé el teléfono móvil en el coche para evitar la tentación de escape o fuga, me llevé una Biblia que use como almohada, una vela, un mechero y un Rosario y allí estuve hasta el amanecer hasta que se me rompió el Rosario. En medio de la noche me cayó una lluvia que me dejó calado y en este gran apuro no tuve más remedio que orinarme encima. En el fondo me motivaba esta experiencia por el hecho de querer tener una lucha contra los demonios de la misma manera que lo hizo san Antonio Abad.

El 5/2/ 2018, en mi intento por tratar de persuadir de muchas maneras por el beneficio de los sacerdotes y resto de los fieles que formamos parte de la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción en la localidad de Almonte, esto desencadenó la actuación en multitud de ocasiones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que me trataron muchas veces de forma muy hostil (pegándome en comisaria, una contusión en un dedo, etc.). Este último hecho no pudo ser reconocido, ya que, al día siguiente de una detención en el cuartel de la Guardia Civil en el centro de salud en este pueblo, al presentarme para hacerme un reconocimiento médico, vi a una mujer llorando desconsolada en urgencias porque nadie le atendía y esto me desbordó. Al querer poner una reclamación se me acusó astutamente de ser violento y tener una mala conducta. Este informe de psiquiatría, mucho más pobre y raquítico que los que elabora la Comunidad Autónoma de Madrid, solamente detalla que evacué o defequé en el suelo de la recepción, sin detallar mayor explicación personal que refiera a aquel hecho.

Quizá esta es una ocasión extraordinaria para poder denunciar una de las trampas de la psiquiatría que pasa muy desapercibida, pues como tónica general en estos informes existen demasiadas imprecisiones, también porque los hechos que normalmente favorecen estos ingresos involuntarios muchas veces proceden de fuentes que los usuarios de los servicios de salud mental no tenemos derecho a saber, para evitar que se produzcan de esta manera demandas a esas personas por falso testimonio. Los psiquiatras en algunos de estos informes tratan de justificar o exagerar hechos como la hetero agresividad, cuando gracias a Dios desde mi lógica no cabe lugar a esto, pues al menos a mí me cuesta entender que habiendo sido una persona hasta ahora que asiste a misa de una manera diaria desde el año 2008, con un fuerte compromiso con Dios y con su Iglesia y también social por el hecho de haber sido voluntario durante 16 años en residencias de mayores hasta hace muy poco, pueda realmente ser tal como dicen desde su visión externa.   

Volviendo al hilo de las locuras más grandes de mi vida, el resto de los ingresos han sido provocados por el celo que siento en mi corazón, especialmente cuando me ha tocado vivir de cerca una injusticia. En los informes de alta de estos dos ingresos tienen un denominador común y es que muestro arrepentimiento, lo que me permitió acercarme a la confesión para aliviar mi conciencia. Pero desde aquellos momentos y a medida que ha ido pasando el tiempo me he ido dando cuenta de que previamente a cada uno de estos gestos tuve una enorme inspiración para poder cumplirlos ya que además tengo plena seguridad que me encontraba en gracia de Dios. La duda y confusión en aquellos momentos creo que me parece tan legítima como la de san Juan Bautista, cuando estando en los oscuros calabozos por orden de rey Herodes, envió a sus discípulos a preguntar a Jesús si él era el Mesías esperado (Mt. 11,2-3; Lc. 7,18-23).

Cada día que pasa tengo mayor convencimiento de que aquellas actuaciones fueron varios gestos proféticos conocidos también desde la teología como acciones signitivas.  Los gestos proféticos son actos dramáticos realizados por los profetas para transmitir un mensaje divino. Estos actos desafían la lógica humana, las normas sociales y el sentido común de su época para romper la apatía del pueblo, para llamar la atención por el hecho de que el pueblo se ha hecho inmune a las palabras y sermones y para desenmascarar la verdadera locura, que se encuentra en aquellos que creen que pueden pecar contra Dios y vivir en paz.

Por poner un ejemplo práctico extraído de las Escrituras, el Profeta Isaías caminó completamente desnudo y sin calzado por las calles de Jerusalén durante tres años (Is. 20,2-3). Se supone que el choque lógico por parte del mundo es que la desnudez pública era la máxima humillación y una total violación de las normas de decencia de la sociedad judía. Pero el significado para Dios estaba orientado en este sentido para que sirviera como una advertencia visual de la vergüenza, el despojo y el cautiverio que sufrirían Egipto y Etiopía a manos de Asiria. La desnudez después de aquella misa dominical tiene un calado bastante profundo, pues era para despertar los sentidos de los prelados de la Iglesia Católica. Digo esto porque desde hace muchos años soy un testigo directo de cómo actúan éstos a los ojos del mundo, aparentando preocuparse por aquellas voces del pueblo de Dios que en verdad ven algo más de lo que ellos no son capaces de ver, pero que por su silencio administrativo demuestran ser vergonzosamente  autónomos, negando de esta manera la ayuda de los pequeños y sencillos «En aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños» (Mt. 11,25).

El hecho más vergonzoso para mí ha sido defecar en un lugar público y en lo personal me ha causado desde aquel entonces una destrucción de mi orgullo propio que ahora puedo reconocer que me ha sido espiritualmente muy saludable. Así parece también explicarse este fenómeno que pertenece a una antiquísima y radical tradición mística conocida como «Locura por Cristo» (Yurodstvo en Rusia, o Salos en el Imperio Bizantino). Se tiene el concepto de que estos ascetas imitaban de forma deliberada la demencia y rompían los tabúes sociales más extremos, incluyendo el desnudarse o defecar en público, como un método para destruir su propio orgullo y sacudir la hipocresía de la sociedad. San Simeón el Loco (Simeón de Emesa) vivió en el siglo VI en Siria y es considerado el padre de esta tradición en Bizancio. Según la detallada biografía escrita por el obispo Leoncio de Neápolis, Simeón arrastraba un perro muerto atado a su cinturón, arrojaba nueces a las mujeres durante la misa y, de manera explícita, defecaba en los mercados y plazas públicas de la ciudad. Su intención teológica era doble:

  • Inversión radical de valores: Provocar el asco y el desprecio del mundo para asegurarse de no recibir alabanzas humanas por su santidad.
  • Desafío al decoro: Romper la línea entre lo público y lo privado para demostrar que, ante Dios, las convenciones sociales de pureza externa no tienen valor si el interior está corrompido.

               En mi propia experiencia personal encuentro otro significado parecido que creo que de la misma manera que san Simeón el Loco tiene validez de cara a Dios puesto que en la dimensión social también hemos alcanzado niveles de corrupción que nos enmarca dentro del preludio apocalíptico, aunque son muchas personas que por desgracia viven ajenas a lo que pasa, otros lo ignoran y quienes lo saben no quieren o no se atreven a actuar de ninguna manera, porque en el fondo saben que les va acarrear alguna forma de persecución por la causa de Cristo.

               Estoy seguro de que pocas personas contarían estas locuras con el mismo desparpajo que lo acabo de hacer y es que en verdad esto es una humillación muy grande, pero gracias a Dios después de mirar atrás estos últimos 22 años desde mi primera conversión, veo con claridad que ha actuado en mi vida la mano de Dios. Además, creo que era conveniente contarlo todo esto sin tapujos por una razón humana y otra más importante que considero divina. La parte humana se debe principalmente para dar luz a aquellas mentes confundidas y también para las lenguas melladas que no han atinado aún para poder hablar con verdad sobre mi persona. Y la parte divina es porque creo que, si Dios se humilló haciéndose hombre, nosotros como hombres podemos servirnos de estas humillaciones también para hacernos como Dios «Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Flp. 2,8).

Beber también de este mismo cáliz que bebió el Señor por su locura de amor, tengo que reconocer que ha sido y es muy amargo, pero perdonando a todos los miembros de mi familia, Iglesia y a otras personas de la sociedad que me han ocasionado mucho dolor, me ha permitido tener un amor más maduro, ya que por esta razón ahora puedo tener mayor capacidad de amar más y mejor.

Me gustaría concluir diciendo que, para mí hay muchas razones más, pero ponerme a explicarlas supondría con seguridad que otras personas sigan pensando que estoy más loco de lo que piensan. Por esta razón la Virgen Santísima, siendo la criatura más perfecta de todas, ante los misterios de Dios en su vida dice la Escritura que «guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc. 2,19; Lc .2,51). Esto que siempre lo hemos interpretado como un signo de humildad, sin duda es completamente cierto, pero de no haber sido de esta manera, la criatura más santa después de Dios también hubiese sido la criatura más loca de la historia de la humanidad, pues ella sabía mejor que nadie que todo lo que guardaba en su Inmaculado Corazón tampoco hubiese sido comprendido por la mente humana.

Jesús del Pino Marín (Aspirante a siervo inútil)

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