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Denuncia por persecución psicológica
por causa de la religión (Reclamación
dirigida al Defensor del Pueblo Español)
En la primera parte de esta denuncia social presentada el 3 de agosto de 2026 al Defensor del Pueblo Español y de esta fecha en adelante a otras autoridades competentes que les pueda interesar esta causa, está fundamentada en los diez primeros informes psiquiátricos emitidos por los servicios de salud mental en la Comunidad Autónoma de Madrid entre los años 2004 al 2016. Todos estos informes han sido meticulosamente respondidos bajo el criterio de la persona que se le ha ocasionado un grave perjuicio, y que ha consistido principalmente en desacreditar su propio testimonio como católico practicante para tratar de encubrir una persecución encarnizada por la causa de Cristo, con la ayuda de aquellos mecanismos de control del Estado, tales como han llegado a ser en este caso las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el poder judicial, que en último término sabemos que delega su autoridad en los servicios sanitarios dentro del área de la salud mental en España. Estas páginas reflejan una de las formas más sucias y al mismo tiempo sigilosas de los poderes de este mundo para deshacerse de aquellas personas que incomodan a otras que se encuentran alejadas de Dios y que por esta razón tienen sus conciencias pervertidas.

INTRODUCCIÓN DE LA DENUNCIA POR PERSECUCIÓN
PSICOLÓGICA POR CAUSA DE LA RELIGIÓN
¡Ay de mí, madre mía, me has engendrado para discutir y pleitear por todo el país!
Ni presté ni me han prestado, en cambio, todos me maldicen.
Si encontraba tus palabras, las devoraba: tus palabras me servían de gozo, eran la alegría de mi corazón, y tu nombre era invocado sobre mí, Señor Dios del universo.
No me junté con la gente amiga de la juerga y el disfrute; me forzaste a vivir en soledad, pues me habías llenado de tu ira. ¿Por qué se ha hecho crónica mi llaga, enconada e incurable mi herida?
Te has vuelto para mí arroyo engañoso de aguas inconstantes.
Entonces respondió el Señor: «Si vuelves, te dejaré volver, y así estarás a mi servicio; si separas la escoria del metal, yo hablaré por tu boca. Ellos volverán a ti, pero tú no vuelvas a ellos.
Haré de ti frente al pueblo muralla de bronce inexpugnable: lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte y salvarte -oráculo del Señor-.
Te libraré de manos de los malvados, te rescataré del puño de los violentos» (Jer 15, 10.16-21).
Excmo. Sr. Ángel Gabilondo Pujol.
Soy un hombre católico comprometido con Dios de mente abierta, que lleva practicando el Sacramento de la confesión desde el año 2004, con el fin de poder autocorregirme, rectificar mis malas intenciones y tratar de ser mejor persona. Recibo diariamente la Eucaristía desde el año 2008 y rezo el Rosario diariamente desde el año 2010. Desde este mismo año también comencé a rezar el Breviario que es la oración común de la Iglesia, entre otras prácticas de piedad. Me introduje al mundo del voluntariado en la ONG Desarrollo y Asistencia, concretamente en la residencia pública de mayores Francisco de Vitoria en Alcalá de Henares (Madrid). Puedo demostrar de diversas formas que no he hecho daño a nadie ni tampoco a mí mismo, siendo un hombre extrovertido, sociable, pasional, muy amigo de sus amigos, con valores y ganas de superarse en las virtudes. Me escondo en el silencio de los sagrarios y me gusta perder el tiempo con los olvidados y despreciados de la sociedad; aquellos que en muchas ocasiones no tienen con quien desahogarse. Me gusta observar todo bajo el prisma de las matemáticas, ya que encuentro en esta ciencia la belleza, la bondad y la verdad de la creación.
Este perfil que le acabo de presentar no siempre ha sido así, ya que he tenido una vida muy disoluta. A partir de los 25 años, quedé desgraciado de la espalda por un accidente laboral reconocido, que, al no llegar a ser compensado por causa de mi juventud con una incapacidad absoluta, me ocasionó un estado de salud crítico que tal como detallo en los primeros informes médicos me hizo experimentar una importante degradación física, psíquica y espiritual. El misterio del dolor me ayudó a retornar a mi pasado, cuando tenía una relación infantil con Jesús. Este reencuentro con Dios me condujo a tener ciertas experiencias difíciles de comprender que tuve la necesidad de expresar a otras personas de una forma muy pueril por mi falta de formación religiosa básica. En resumidas cuentas, estas razones provocaron que con 28 años me concedieran una incapacidad permanente absoluta por un supuesto “trastorno bipolar”.
Cada cual es libre de interpretar este tipo de etiquetas psíquicas y sociales que maneja la psiquiatría y como en mi caso gracias a Dios siempre me he cuestionado mucho la razón de los hechos o circunstancias de la vida, hasta la fecha no he abdicado para terminar considerándome como un “enfermo mental” según el criterio propio de esta ciencia. Esto ha sido entre otras razones porque sin dejar de considerar mi condición como cristiano comprometido, siempre he estado obligado a decir la verdad y, esto nos motiva a comunicar a nuestros semejantes lo que piensan o hacen mal. Esto en resumidas cuentas nos induce a discutir y a pleitear sin mayor ánimo que agradar a Dios, cuando en nuestros difíciles contextos miramos en primer lugar por su interés, que también sabemos que puede terminar redundando en un beneficio para el prójimo.
Este acto de caridad para con nuestros semejantes que por norma apenas nadie desea practicar se conoce como corrección fraterna y es uno de los mandatos evangélicos más importantes que directamente nos hace Jesús (Mt. 18,15-20). Es evidente que apenas nadie quiere practicar este acto de misericordia porque el orgullo de la mayoría de las personas les provoca un dolor en el alma que en vez de aprovechar lo que se dice para el bien de la persona, lo que se hace más bien es contrariarse con aquel que ha tratado de hacerle un bien «Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.» (Hb. 12,11). Con esto quiero manifestar que el verdadero problema que padezco y que el mundo mal interpreta tal como ya he referido, no es porque tenga una “enfermedad mental”, sino porque demuestro que amo al pecador, pero al mismo tiempo odio o siento gran repulsión por el pecado.
Esto ha hecho que se pongan en marcha los mecanismos de poder de este mundo para tratar de evitar o disuadir a los hombres de Dios, cuando en la actualidad disponen de una mayor facilidad y astucia para encubrir mi caso hasta el punto de desacreditar mi testimonio como católico practicante al tener que actuar de esta manera que la psiquiatría ha tenido a bien considerar como diversas “crisis”, “descompensaciones”, o “brotes psicóticos”. En definitiva, lo que han conseguido hasta la fecha ha sido ocultar con una sagacidad loable una persecución psicológica por causa de la religión, siendo plenamente consciente en todo momento que todos los responsables de esta tiranía me han perjudicado gravemente con mayor o menor consciencia.
El resultado final físico, psíquico y espiritual de esta persecución podría resumirse diciendo que, además, he terminado por padecer un cuadro de ansiedad que ya por el largo periodo de tiempo que la llevo padeciendo es muy probable que se me haya vuelto crónica. Esta ansiedad ha sido causada principalmente por estas circunstancias vividas durante estos últimos años por el trato y con todo aquello que ha consistido la relación psiquiátrica por su persistente acoso y persecución hacia mi persona, lo que ha llegado a incapacitarme parcialmente en ciertas actividades cotidianas.
Teniendo en cuenta estos precedentes, la conclusión más sensata para un hombre de fe es que, desde el año 2004 llevo experimentando por parte de mi familia que no practica la religión, así como los servicios sanitarios y sociales e incluso la propia Iglesia una difícil y embarazosa persecución psicológica por causa de la religión bajo la influencia y sugestión directa e indirecta de estas autoridades sanitarias que por la fuerza del perdón gracias a Dios he podido ir superando hasta este momento.
Para poder solicitar estos derechos que constan en las Normas del CPC y los de la Declaración de los Derechos Humanos y de la Salud Mental, por sentirme un cristiano comprometido con su fe que lucha contra la opresión de esta sociedad, además de presentarle todos los informes médicos que me han emitido los servicios sanitarios de esta comunidad autónoma, quisiera aportar también mi testimonio de conversión, que hasta ahora no ha tenido ningún valor para los psiquiatras que trabajan para la Seguridad Social. Esta denuncia social trata de contrarrestar los torpes argumentos de los informes psiquiátricos que me han sido facilitados tras mis ingresos, para que, en un futuro no lejano y esperanzador, se pueda cumplir la verdadera publicidad de las normas, según consta en el Art. 9. 3 de la Constitución Española, para que puedan cesar los engaños por el hecho de querer dominar las mentes de aquellos hombres más débiles e indefensos y que nos encontramos en una posición de inferioridad.
Todo este aporte y esfuerzo quisiera que fuese considerado por parte de esta institución independiente y autónoma del Estado o por cualquier autoridad competente que se precie a valorar objetivamente mi caso, con el fin de delimitar el abuso de autoridad de estos servicios sanitarios y sociales y tratar de hacer verdadera justicia con estas Normas/Derechos, para que de esta manera la palabra de aquellas personas más débiles e inocentes no siga siendo amordazada por estos métodos tan sutiles en las unidades de sometimiento y de represión química (manicomios o psiquiátricos).
Para ello considero también conveniente que se pueda garantizar a los usuarios de los servicios de salud mental una posible solicitud por la vía judicial, para que en caso de que un psiquiatra considere de nuevo oportuno cualquier ingreso en planta, puedan concedernos el derecho y la debida provisión de garantías para recurrir previamente a la institución jurídica Hábeas Corpus. De esta manera podremos exponer con serenidad y sin limitación de condiciones físicas y psíquicas los argumentos y derechos que corresponden en el Art. 3 del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, cuando hace referencia a que, «nadie podrá ser sometido a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes». Todo esto debe de ser antes de ser tratado químicamente de nuevo sin nuestro consentimiento y no después de habernos incapacitado con la “medicación”, como ha ocurrido sucesivamente en todos mis ingresos psiquiátricos.
En contra de aquellos tecnicismos psiquiátricos que extraen de la realidad su enfoque más desfavorable, debemos de tener en cuenta que la locura forma parte de la libertad de expresión o, en cualquier caso, es incluso la máxima expresión de ésta. Esta sentencia que se acaba de exponer tiene plena lucidez a pesar de que muchas personas puedan tener su etiqueta psíquica o social de «loco» o «enfermo mental», que habiendo salido del troquel racionalista de esta élite sanitaria contemporánea (APA), sabemos además que cuenta con el privilegio único de estar amparada por el poder judicial y por el poderoso y mafioso grupo de presión farmacéutico.
Puesto que me consta que ha realizado un gran esfuerzo para poner en marcha una Unidad de Víctimas y un sistema mixto junto al Gobierno y la Iglesia Católica para evaluar expedientes y garantizar indemnizaciones a los afectados por los abusos sexuales de eclesiásticos, delego este caso personal de persecución psicológica por causa de la religión a su respetable cargo, con el fin de que otras personas como servidor en lo sucesivo puedan salir al frente y denunciar sin miedo las diferentes coacciones y represalias de sus perseguidores. Confío que pueda responderme en esta ocasión con un resultado favorable, ya en esta denuncia social publicada en el Blog que administro personalmente no trata de evadir los graves efectos secundarios de las drogas psiquiátricas, ni tampoco la determinación de los tratamientos o procedimientos que precisan los usuarios en función de sus procesos de supuesta enfermedad; cuya competencia única e injustamente ⸺tal como me han respondido en anteriores ocasiones⸺ recae en estas autoridades sanitarias. Recurro, por tanto, a esta institución para que pueda cumplir su función de supervisar las actuaciones de las administraciones públicas para el esclarecimiento de sus actos y resoluciones, a la luz de lo dispuesto en el artículo 103.1 del texto constitucional.
CONCLUSIÓN GENERAL DE LA DENUNCIA POR
PERSECUCIÓN PSICOLÓGICA POR CAUSA DE LA RELIGIÓN
«Escucha, oh, Dios, mi oración, no te retraigas a mi súplica, hazme caso, respóndeme, me trastorna la ansiedad.
Gimo ante la voz del enemigo, bajo el abucheo del malvado; vierte en falsedades sobre mí, me hostigan con saña.
Dentro se agita mi corazón, me asaltan pavones de muerte; miedo y temblor me invaden, un escalofrío me atenaza.
Y digo: ¡ojalá tuviera alas como paloma para volar y reposar! Huiría entonces lejos, la estepa sería mi morada.
Pronto encontraría refugio contra el viento de la calumnia, Y el huracán que devora, Señor, y el flujo de sus lenguas.
Soy testigo de violencia y altercado en la ciudad; rondan de día y de noche en torno a sus murallas.
Falsedad y mentira hay dentro, insidias dentro de ella, nunca se ausentan de sus calles la tiranía y el engaño.
Pero yo invoco a Dios y Yahvé me salva a la tarde a la mañana al mediodía me quejo y gimo, y oye mi clamor.
Intacta rescata mi vida de la guerra que me han declarado, del pleito que tienen conmigo.
Que Dios me escuche y los humille, él, que reina desde siempre, pues no tienen enmienda ni temen a Dios.
Y tú, oh, Dios, hundirás en lo más profundo de la fosa a esos sanguinarios y traidores sin llegar a la mitad de su vida. Más yo confío en ti» (Sal. 54, 2-12.17-20.24).
Excmo. Sr. Ángel Gabilondo Pujol.
En primer lugar, es mi deber poder informarle que no presento este testimonio ante su autoridad competente con la intención de quitarme la etiqueta de «loco» o «enfermo mental», ni tampoco para acusar a nadie o pedir responsabilidades, sino para tratar de mejorar en lo posible estos servicios sanitarios y que este beneficio pudiera redundar en un bien para todas las personas que de una forma especial se encuentran en una situación semejante a la mía. Aunque a efectos jurídicos me presento en calidad de denunciante, tal como ya lo he hecho constar desde un principio, lo hago más bien bajo mi condición de «voluntario», según ha quedado reflejado a partir del tercer ingreso en el año 2008. De esta manera tengo esperanza que de esta denuncia pueda entenderse mi función como una forma de inspección espontánea de estos servicios públicos tan necesitados de este tipo de controles o auditorías externas.
El Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (conocido como OPCAT por sus siglas en inglés) es un tratado internacional adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 2002 y en vigor desde junio de 2006. Su objetivo fundamental no es castigar el delito de forma reactiva, sino establecer un sistema preventivo de visitas periódicas e independientes a los lugares donde haya personas privadas de su libertad. Puesto que he sido ingresado en 18 ocasiones en un lapso de 22 años en dos hospitales psiquiátricos y aún no he tenido la ocasión de conocer a ningún equipo técnico que ejerza esta función para dicho protocolo, considero humildemente que esta denuncia por persecución psicológica por causa de la religión podría servir a modo de dictamen para éste y otros servicios independientes semejantes.
En esta denuncia por persecución psicológica por causa de la religión quedan expuestas las resistencias que impiden toda posibilidad de diálogo, que es el acto que humaniza toda relación. Aunque en estos lugares de represión no existe ninguna relación, sino que prevalece la ceguera del hombre de corazón duro. Un trato donde no existe la verdad tampoco puede existir el diálogo, y lo que abunda en este caso es el ABUSO, la VIOLENCIA y la IMPOSICIÓN. En estas estancias oscuras impregnadas con tanto sufrimiento humano innecesario que muchas personas hemos tenido que padecer a lo largo de los tiempos, aislados de casi todo, para muchos el pensamiento más dulce ha sido el de suicidio, para poder escapar de esta macabra realidad. Si en estos sitios en verdad hubiese algo de humanidad, no habría necesidad de puertas, cerrojos, cadenas químicas y mucho menos de ataduras en los lechos. En estas estancias oscuras, es donde se da uno de los puntos más álgidos donde el hombre sin corazón queda reducido a una pobre sombra de aquello que podría ser en realidad. Han sido muchas personas a lo largo de la historia que por el hecho de querer defender la verdadera justicia e ir de frente actuando con plena transparencia han terminado experimentando este castigo social respaldado por el Estado que en este caso particular ha delegado su autoridad en primer lugar en el poder judicial y finalmente a estos servicios sanitarios para constituirse en último término en la “policía de la mente”.
Aprovechando esta ocasión le ruego que pueda considerar además que, mientras no se pongan en práctica de forma real las Normas/Derechos del CPT, se va a seguir actuando directa e indirectamente con esta forma de abuso y violencia especialmente para todas aquellas personas que terminan siendo ingresadas involuntariamente en estos centros. No podemos admitir que todos los delincuentes que se les detiene en un calabozo de una comisaría tengan posibilidades de conocer sus derechos y las personas presas en un psiquiátrico, solo tengan por derechos las normas internas, que van a estar condicionadas de forma negativa o positiva según la conducta que tenga el usuario frente al control y el miedo. Debemos de procurar que estas unidades sean lo menos posible lugares de sometimiento y represión química, para que en el mejor de los casos sean auténticos instrumentos terapéuticos fundamentados en el trato entre el usuario y la sensibilidad humana del facultativo.
En el aspecto personal quisiera decir que mi intención con esta denuncia creo que podría servir además para abrir los ojos a muchos profesionales y usuarios y de esta manera concienciar del mal que, de una forma especial a partir del S.XIX, con mayor o menor conciencia la psiquiatría creyendo hacer un servicio para el bien de la humanidad, lo que han estado haciendo en verdad la mayoría de las ocasiones es terminar perjudicando aún más en este caso a los usuarios que se acercan a estos sanitarios. Estos usuarios suelen tener una confianza ciega en la ciencia y por esto creen que van a poder ser “curados” de los efectos que les generan los problemas personales de su vida.
Quisiera dejar claro que con esta intención no busco aceptación, protagonismo, ni tampoco la comprensión de las personas, aunque pueda llegar a reconocer que en un principio sí que pude estar mendigando estas formas de afectividad a ciertas personas que pude tener una mayor relación de amistad, pues creo que muchos podrán comprender que solo busco la mayor gloria de Dios. He podido perdonar gracias a Dios a todas estas personas que tanto mal me han hecho, aunque muchos de ellos no son apenas conscientes de lo que hacen a otras personas como ha sido al menos en mi caso, pues de no haberles podido perdonar, no hubiese tenido la fuerza para poder llegar hasta este punto. Por ello quisiera manifestar también que mi lucha no es tampoco contra estas personas, aunque por otro lado soy plenamente consciente que, si no me confrontara con ellos de esta manera, otras personas débiles e inocentes y que se encuentran en una posición de inferioridad seguirían padeciendo innecesariamente esta injusticia.
No solo han sido una de mis mejores armas, para poder luchar contra el Mal, el hecho de haber podido practicar las virtudes de la pureza y la castidad durante estos últimos 12 años, aunque no se haya llegado a reconocer, pues también lo he querido hacer dando testimonio de lo bueno y de lo malo de mi vida, de mis vergüenzas y mis delitos. Habiendo lavado todos estos pecados previamente por medio de la confesión sacramental, Dios ha hecho que mis vergüenzas y delitos sean un resplandor en la oscuridad, una muestra del esplendor de la verdad que es Cristo, para dar luz a las vergüenzas y delitos que, como hemos podido apreciar otros esconden «No tengáis nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denunciadlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto. Pero todo lo que la luz pone al descubierto se hace visible, porque la luz es lo que hace que todo sea visible. Por eso se dice: «Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo».» (Ef. 5,11-14).
San Agustín fue una de las primeras personas en considerar que también podemos dar gloria a Dios con nuestras vergüenzas y delitos ya lavados; que, sin duda, es una de las mejores formas para poder dar gloria a Dios. Este santo varón tuvo esta inspiración de Dios cuando escribió su conocido libro «Confesiones», para poder defenderse en aquel momento de los maniqueos. Servidor toma ejemplo de este gran santo y maestro espiritual, para hacer lo mismo contra todos aquellos déspotas y manipuladores que astutamente saben muy bien esconderse en la oscuridad. Por estas razones considero humildemente que el Señor puede convertir mis pecados, vergüenzas y delitos expuestos a la luz con libertad, para tirar por tierra todas aquellas calumnias que han caído sobre mi persona con el fin de desacreditarme con la etiqueta psíquica y social de «loco» o «enfermo mental».
Quisiera exponer que prácticamente desde mis primeros ingresos he contado con una garantía que me ha motivado a actuar con una mayor vehemencia en mi testimonio como cristiano. Este aspecto en concreto lo han recogido los psiquiatras en sus observaciones de una manera implícita como si fueran delirios místicos que incluso lo han llegado a categorizar como algo crónico. Esto no me escandaliza ni me supone un obstáculo en mi experiencia de vida de fe, puesto que los relatos evangélicos de la Pasión narran cómo Jesús fue objeto de burla; y san Marcos refiere también cómo los mismos parientes de Jesús están convencidos de que se ha trastornado (Mc 3,21). También san Juan relata que los que escuchan los discursos de Jesús creen que delira (Jn. 10,20). Esta garantía me ha ayudado a estar completamente convencido de que todos estos sabios y entendidos según el mundo están completamente equivocados y confundidos, puesto que aún sigo contando con la gracia inmerecida de Dios de poder contemplar la luz del sol sin tener ningún tipo de daño en mi vista «de día el sol no te hará daño» (Sal. 121,6).
Lo que parece que hasta este momento ignoran o no tienen intención de conocer porque para estos sanitarios les parece una locura, es el conocimiento que el Señor ha querido confiarme, que a decir verdad es mucho más fiable que todas sus teorías pseudocientíficas que al parecer muy pocos de ellos tienen consciencia que carecen de fundamento. Las matemáticas es una ciencia formal completamente exacta y fiable que si la comparamos con la psiquiatría es imprecisa y dudosa, ya que ésta última no se sostiene en una prueba física, sino en el criterio humano que se formaliza o se normaliza a través de un consenso de un grupo de élite. Lo que para su desgracia no pueden llegar reconocer lo que ya nos exhorta san Pablo, cuando dice que «ha escogido Dios más bien a los locos del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios a los débiles, para confundir a los fuertes. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor» (1 Co. 1, 27-28).
Cierto es que no he contado con el mismo nivel de estudios académicos y quizá mi inteligencia pudiera ser mucho inferior a la de estos sanitarios, «Pero nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo; es el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que de Dios recibimos. Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu. Pues el hombre natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque solo se puede juzgar con el criterio del Espíritu. En cambio, el hombre espiritual lo juzga todo, mientras que él no está sujeto al juicio de nadie. «¿Quién ha conocido la mente del Señor para poder instruirlo?». Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo.» (1 Co. 2, 12-16)

En la primera parte de esta denuncia social presentada el 3 de agosto de 2026 al Defensor del Pueblo Español y de esta fecha en adelante a otras autoridades competentes que les pueda interesar esta causa, está fundamentada en los diez primeros informes psiquiátricos emitidos por los servicios de salud mental en la Comunidad Autónoma de Madrid entre los años 2004 al 2016. Todos estos informes han sido meticulosamente respondidos bajo el criterio de la persona que se le ha ocasionado un grave perjuicio, y que ha consistido principalmente en desacreditar su propio testimonio como católico practicante para tratar de encubrir una persecución encarnizada por la causa de Cristo, con la ayuda de aquellos mecanismos de control del Estado, tales como han llegado a ser en este caso las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el poder judicial, que en último término sabemos que delega su autoridad en los servicios sanitarios dentro del área de la salud mental en España. Estas páginas reflejan una de las formas más sucias y al mismo tiempo sigilosas de los poderes de este mundo para deshacerse de aquellas personas que incomodan a otras que se encuentran alejadas de Dios y que por esta razón tienen sus conciencias pervertidas.