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Criterios médicos en las enfermedades neurodegenerativas que derivan en sujeciones químicas y que son trasladables a los problemas relacionados con la psiquiatría.
Los criterios CHROME (Chemical Restraints Avoidance Methodology) han sido elaborados por un panel de expertos con el objetivo de reducir las sujeciones químicas en las personas con demencia que viven en residencias y de promover una prescripción de psicofármacos de calidad, dentro de un marco legal. En este sentido podemos felicitar a este sello de calidad que garantiza un espacio libre de sujeciones químicas. Además de velar para que los residentes de un centro geriátrico puedan estar más liberados del abuso de sustancias psicotrópicas, en el peor de los casos podemos decir que también se preocupan para que estas personas puedan disponer de los mejores fármacos del mercado, para que se puedan aliviar los sufrimientos derivados de la demencia y tener una mejora notable de su calidad de vida. Aunque la pregunta central que le formulamos a este equipo profesional después de hacer un desarrollo que podría resultarle al lector algo muy instructivo es: ¿Por qué razón no existe ninguna comisión formal de expertos médicos que de la misma manera pueda oponerse a la sujeción química que soporta el colectivo de personas con problemas psiquiátricos apoyándose en los mismos criterios de esta misma iniciativa CHROME que en este caso se centra en la calidad de vida y bienestar de las personas de la tercera edad?
Dr. Rubén Muñiz Schwochert.
Es un gusto poder dirigirme a Uds. después de haber leído vuestra interesante guía de criterios CHROME para promocionar la acreditación de centros libres de sujeciones químicas.
La intención que en este momento me mueve a consultar a vuestro equipo profesional médico vendría a resumirse en dos aspectos fundamentales. Por un lado, pertenezco al colectivo de usuarios que hacen uso de los servicios de salud mental en España y por el hecho de encontrarme dentro de esta condición social he sido objeto de vejación psíquica y moral en muchas ocasiones de mi vida, y la última situación que estoy tratando de poner de relieve ha sido precisamente en una residencia que se dedica al cuidado de personas en la tercera edad. Por otro lado, lo que estoy tratando de dar visibilidad como testigo ocular en esta residencia es el uso indiscriminado de sedantes que administran a muchas personas que residen en esta para poder ahorrar en este caso gastos de personal auxiliar y sanitario.
Antes de proporcionales más detalles sobre estos incidentes, me gustaría saber si me podrían aclarar ciertas dudas, pues después de haber leído con atención su interesante guía técnica que en este caso podría convertirse más adelante en un dique de contención para que esta residencia se convierta en un posible referente para otras empresas que entran dentro de su mismo gremio para que puedan establecerse vuestros criterios, me surgen ciertas dudas que hacen referencia a otras circunstancias personales que experimentamos determinados usuarios que en este caso estamos diagnosticados por otras razones diferentes a la demencia.
En vuestra guía técnica se centran fundamentalmente en la administración de los psicofármacos que se utilizan con frecuencia para el tratamiento de los síntomas psicológicos y conductuales de la demencia, aunque es más que evidente que en el otro lado del anfiteatro nos encontramos otras personas que en este caso teniendo mayor uso de nuestra razón también nos podemos considerar víctimas de la sujeción química y aunque en nuestro caso las razones que han motivado estas circunstancias son diferentes, somos plenamente conscientes que vuestro punto de vista es completamente trasladable a nuestra experiencia vital.
No precisamos de estudios avanzados para poder saber que tanto la sujeción mecánica como la química son medidas intencionadas por terceros, para restringir la libertad de movimiento o de expresión de las personas, aunque permítanme que discrepe de Uds. cuando en este caso afirman que estas medidas deberían de ser justificadas desde un punto de vista médico, pues debería ser estrictamente respetado tanto el consentimiento informado, así como la propia autonomía de las personas.
Ahora bien, en este caso habría que establecer la línea que divide las enfermedades neurodegenerativas, que en este caso deberían de ser abordadas por un neurólogo y aquellos problemas, conflictos e incluso errores de nuestra vida que en este caso podríamos clasificar in extremis como inusuales, diferentes o difíciles de comprender dentro del colectivo que en este caso vengo a formar parte. En nuestro caso particular viene a suceder exactamente lo mismo cuando se hacen también uso de sujeciones físicas como las químicas como fruto de una sociedad que pone el énfasis en la solución rápida, obviando una definición precisa del problema, la indagación de sus posibles causas y la búsqueda de remedios o tratamientos que puedan sanar, robustecer o, al menos, aliviar a las personas que sufren un dolor psíquico por medio de aquellos métodos que podríamos considerar como más humanistas. Estos métodos podrían ser por ejemplo que se puedan realizar mayores inversiones en personal contratado en un servicio para favorecer el trato y cuidado e incluso disponer también de una bolsa de personas voluntarias para poder hacer algún tipo de colaboración dedicada especialmente a la escucha y compañía de aquellos que más lo necesitan.
Comprendiendo que vuestra ciencia tiene también sus propios límites y considerando al mismo tiempo otros recursos pedagógicos que podrían permitirnos que por medio de estas limitaciones lleguemos a adquirir una comprensión más correcta y adecuada sobre este campo de acción dentro de la medicina, nadie debería de despreciar en este caso la ciencia de la Revelación Pública. Es importante poder considerar este principio, no solamente porque nuestra cultura está impregnada por los valores, principios e ideales cristianos, pues además el Apóstol Pablo nos dice que «toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente capacitado para toda buena obra» (2 Tim. 3,16-17).
Si me permite que pueda apoyarme en esta ocasión en este recurso que sabemos que un gran número de científicos contemporáneos consideran que no tiene ninguna utilidad o validez, no sé qué opinión les podrá suscitar lo que voy a comunicarles a continuación, pues en verdad resulta ser un craso error epistemológico afirmar que la conducta puede ser o estar enferma, ya que la única y verdadera naturaleza del comportamiento humano solo puede ser buena o mala. Si ponemos nuestra atención en el fin de nuestras acciones, podemos afirmar que nuestro sentido común debería de ponernos en guardia para hacernos razonar algo que es más que evidente, pues como acabamos de afirmar no hay «obras» sanas o enfermas, sino buenas o malas y el fin de una acción solo puede tener la misma naturaleza que su origen, es decir, nuestro propio pensamiento. El origen de este error epistemológico parte en primer lugar de nuestros «desórdenes mentales», que después de ser interpretados como «trastornos» este último concepto se ha convertido en la terminología que ha inducido finalmente en el argot médico la idea equivocada de «enfermedad mental». Por esta razón resulta ser completamente incorrecto transmutar el efecto de nuestra conducta de buena a sana y/o de mala a enferma, pues teniendo en cuenta que nuestra esencia más íntima está compuesta por la memoria, la inteligencia y la voluntad no estamos tratando en este caso de una sustancia concreta, sino que además toda esta composición de la misma manera que el «saber», tampoco ocupan un lugar concreto en nuestro organismo. Al mismo tiempo podemos afirmar que si nuestra mente no es ningún órgano en nuestro cuerpo tal como viene a ser así, tampoco podemos afirmar que este no-órgano pueda estar bien o mal y muchísimo menos que este sistema complejo se reduzca a la trasmutación absurda de ser o estar sano o enfermo. En el momento que se define nuestra conducta como “enferma”, se produce una degradación de la persona que en último término debería de ser interpretado como una vejación de nuestro ser más íntimo, pues a afectos lo que otros interlocutores tratan de hacer con mayor o menor conciencia es desprestigiar nuestro uso de la razón y por este motivo las personas ignorantes terminan subestimando o infravalorando nuestros pensamientos y por consiguiente también nuestras acciones. Este acto vejatorio por parte de ciertas personas que terminan acreditándonos como “enfermos mentales” o como personas que “estamos mal” o “malos” (se entiende que de la mente) por una razón que desde una perspectiva externa no terminan de comprender, resulta ser como aquel instrumento que hiere nuestros sentimientos y que viene a ser a su vez el acto reflejo existencial donde queda impreso aquello que llegamos a comprender como estigma.
Este razonamiento nos sirve de referencia para poder diferenciar la línea que separa una enfermedad neurológica de un problema psiquiátrico y con independencia a nuestro lastre social que hace referencia a la estigmatización y la discriminación que padecemos, tengo esperanza de que puedan tener mayor empatía y ser más comprensivos con nuestro colectivo, que viene a ser aquel que presentamos un cuadro social poco adaptativo o que solemos generar problemas o conflictos en nuestro entorno principalmente por estas razones y como sucede también en el ámbito geriátrico somos sujetos que de alguna u otra manera incomodamos con nuestra presencia o actividad inusual. Por estas razones saben que somos sometidos también a sujeciones químicas por medio de fármacos psicotrópicos (o psicoactivos) que como bien saben también actúan sobre nuestro sistema nervioso central y que también cambian nuestro nivel de consciencia, estado de ánimo, percepción, pensamiento o conducta, pérdida de reactividad y abotargamiento que se observa frecuentemente también en nosotros. Considero según mi criterio que se quedan un poco cortos cuando hacen uso del adverbio de cantidad “a veces”, pues en verdad la realidad supera con creces esta corta percepción por vuestra parte ya que estos fármacos se prescriben con la finalidad de sedar y sujetar a los residentes o usuarios, anulando nuestra voluntad y nuestros rasgos de personalidad, y agravando la desconexión con el entorno que ya de por sí produce en nuestro caso particular una falta de autoestima y aislamiento que se originan por causa de la estigmatización y la discriminación que siente nuestro colectivo.
De la misma manera que en su guía técnica afirman que estos psicofármacos se convierten así en una pésima alternativa a los cuidados individualizados que merecen las personas con demencia, al mismo tiempo resulta ser un tanto incoherente e incompatible cuando en este caso se prescriben de forma adecuada estos fármacos psicotrópicos que vendrían a justificar dichos medios invasivos con el pretexto de aliviar nuestros sufrimientos o para poder mejorar nuestra calidad de vida. Sabiendo que las diferencias reales entre las enfermedades neurodegenerativas y los problemas psiquiátricos se establecen sustancial y respectivamente en “enfermedades” o “problemas”, podríamos entender que la utilización inespecífica de psicofármacos –no sustentada en un diagnóstico médico–anula la libre expresión de la persona y esto es lo que crea el concepto de “sujeción química”. No obstante, los problemas psiquiátricos se abordan de la misma manera y las consecuencias negativas vienen a ser las mismas que en el caso de la demencia, y esto me ha hecho pensar ¿Por qué razón no existe ninguna comisión formal de expertos médicos que de la misma manera pueda oponerse a la sujeción química que soporta nuestro colectivo apoyándose en los mismos criterios de vuestra iniciativa CHROME que en este caso se centra en la calidad de vida y bienestar de las personas de la tercera edad? Les hago esta pregunta porque parece que son muy pocos expertos los que no les importa nuestra calidad de vida y bienestar que en nuestro caso también nos vemos perjudicados por medio de los diagnósticos y prescripción de psicotrópicos por parte de los psiquiatras.
Espero no haberme extendido demasiado en esta comunicación, pues necesitaba explicarme hasta este punto para poder formularles esta pregunta con previa intención de trasladar el criterio de la sujeción química en la demencia a nuestra experiencia vital dentro del ámbito psiquiátrico.
Con respecto al tema principal ya mencionado que también ha motivado ponerme en contacto con Uds., me gustaría que pudiesen conocer este caso particular y si consideran oportuno compartir conmigo a tenor algún comentario, consejo o valoración, les estaría muy agradecidos.
Se despide atentamente agradeciendo de antemano vuestra atención:
Jesús del Pino Marín
Resumen. Los psicofármacos se utilizan con frecuencia para el tratamiento de los síntomas psicológicos y conductuales de la demencia, aunque los datos científicos muestran a lo sumo una eficacia moderada y a pesar de los importantes riesgos derivados de su uso. Una utilización inespecífica de psicofármacos –no sustentada en un diagnóstico médico– dirigida a anular la libre expresión de la persona se denomina ‘sujeción química’. Los criterios CHROME (Chemical Restraints Avoidance Methodology) han sido elaborados por un panel de expertos con el objetivo de reducir las sujeciones químicas en las personas con demencia que viven en residencias y de promover una prescripción de psicofármacos de calidad, dentro de un marco legal. En este artículo se definen los síndromes neuropsiquiátricos que justifican el tratamiento farmacológico y se ofrecen pautas para la elección, control y retirada del psicofármaco. Los criterios CHROME aportan además una metodología verificable para que los centros que lo deseen puedan recibir la acreditación de centro libre de sujeciones químicas.
Palabras clave. Demencia. Residencia. Síntomas psicológicos y conductuales. Sujeción farmacológica. Sujeción química.
Tratamiento farmacológico.