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«Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, sin hallar ciudad en donde vivir.» — (Salmo 107:4).
Por lo común, se suele tener un concepto bastante peyorativo de la soledad, la cual muchas veces no se identifica con el hecho de poder estar más o menos acompañados. La soledad se puede experimentar tempranamente en nuestra vida cuando sentimos que nadie puede comprendernos, por muchos esfuerzos que hagamos cuando tratamos de expresarnos. Así es como fue la experiencia profunda de Jesús y también la de su propia Madre en sus pasos por esta vida.
El psiquiatra y psicólogo Carl Gustav Jung, considerado el fundador de la psicología analítica, transformó la forma de entender el inconsciente, la espiritualidad y la construcción de la identidad, integrando disciplinas como la filosofía, la religión o la antropología. En su caso podríamos decir que, con palabras diferentes, llegaba a esta misma conclusión introductoria que acabamos de hacer: “La soledad no proviene de no tener gente alrededor, sino de ser incapaz de comunicar las cosas que a uno le parecen importantes”
En estos casos, cuando pensamos que necesitamos de mayor o mejor compañía humana, mucha más frustración podemos llegar a experimentar. Cuando nos llega a suceder esto, la actitud más sensata que podemos adoptar por nuestra parte es abrazarnos a la soledad, aceptarla, para que podamos comprender mejor las necesidades de nuestro corazón. Si actuamos de esta manera encontraremos en nosotros mismos al Consolador, para que en lo sucesivo tengamos menor necesidad de buscar el consuelo en las criaturas.
Todo esto no nos debería de hacer caer en el error de pensar que tenemos que buscar la soledad para poder aislarnos del mundo, pues de la misma manera que un pez no podemos sacarle del agua y una planta de la tierra porque en seguida morirían, nosotros también debemos de permanecer unidos a nuestro medio vital. Esto queda reflejado en la oración sacerdotal que hace Jesús, antes de su prendimiento: «No te estoy pidiendo que los saques del mundo, sino que los protejas del maligno» (Jn.17,15). De hecho, una de las estrategias del Maligno para conducirnos al precipicio es tratar de aislarnos, y esto lo consigue muchas veces en atención de aquellas relaciones que han terminado de decepcionar profundamente a las personas.
Queda una Esperanza para toda la humanidad para poder curarnos de estas decepciones, que dentro de lo malo nos pueden servir para abrir nuestros ojos a la realidad. En efecto, todos los hombres podemos llegar a decepcionar incluso a nuestros seres más queridos y esto es porque somos mutables; porque variamos como de la noche al día. Pero Dios es Luz que permanece para siempre y Él ha querido fundar su Iglesia que nació de la herida abierta de su sagrado costado, para que podamos evitar que nuestro enemigo común consiga aislarnos en medio de una soledad sin caminos.
En definitiva, el mensaje más importante que podemos extraer de la cita del Salmo es que la Ciudad que Él desea para nuestra morada temporal y eterna es su Iglesia. Sabemos también que la Iglesia representa místicamente la maternidad de la Virgen María, para que todo hombre que viva en este mundo pueda evitar andar perdido en ningún desierto. Es en este desierto donde el hombre sin Dios llega a sentir sequedad, vacío, confusión, angustia y una nostalgia de infinito que a priori muchos hombres no saben explicar con sus propias palabras y que por norma general es lo que hace que busquen la Fuente de la Vida entre tantos sucedáneos equivocados que este mundo les llega a ofrecer.
En este Sábado Santo cuando la Virgen María es la criatura de Dios que ha llegado a experimentar la mayor soledad en toda la historia de la humanidad, aprovechamos a pedirle bajo su advocación de la Soledad que ruegue por todos nosotros, para que nunca nos falte la compañía de Jesús y la suya.
Respuesta por correo electrónico de un psicólogo jubilado que trabajó para el sistema sanitario público.
Hola.
He leído eso que me has sugerido.
Encuentro que el tema de la soledad has ido tratado con delicadeza. Aunque diría que a veces las personas también experimentan soledad al no encontrar un entorno amable y recibir descalificaciones e insultos, aunque sean bien intencionados.
Creo que hay alguna verdad importante en ese texto, y que detrás del mismo hay una persona con sensibilidad y acogedor.
Suerte con todo eso.
Buenas tardes, M.
En primer lugar, quisiera agradecerle de nuevo la apreciación que ha vuelto hacer con respecto a esta reflexión acerca de la soledad. Siempre me han resultado muy valiosas sus valoraciones, me gusten más o menos, porque me ayudan a ser más objetivo.
Puede tener razón también con respecto a aquellas circunstancias que crean un clima de soledad, cuando ciertas personas no saben corresponder a nuestras buenas intenciones, recibiendo como paga hostilidades, como pueden ser descalificaciones e insultos. Créame que en esto por gracia o desgracia estoy también bastante curtido. Me siento identificado en parte con este tipo de personas, aunque cuando por ejemplo se lo he pagado yo a Ud. de esta forma, creo que se ha debido a que tengo una extrema necesidad de expresarme con toda libertad y transparencia y esto por desgracia no todo el mundo lo puede llegar a comprender. Quizá haya demostrado con Ud. que mi amabilidad en ciertos momentos críticos de mi vida no resulta ser mi punto fuerte, aunque me gustaría recordarle que nadie es perfecto y que en casos semejantes de mi vida me ha servido como materia de reflexión una cita de san Pablo que podríamos decir que resulta ser universal para todos: «Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.» (Rm. 7,19-20).
Esta cita de san Pablo que se encuentra en su Carta a los Romanos me ayuda a reflexionar que, en el fondo somos todas las personas que les sucede lo mismo que a mí y que no estoy solo en medio de este combate espiritual que todos libramos en nuestros corazones. Yo al menos reconozco que estoy necesitado de la gracia de Dios y también de la corrección fraterna de aquellas personas que me ayuden a ser mejor, primero para poder agradar a Dios, y finalmente para poder servir mejor o ser más útil a mis hermanos.
Saludos.
Hola
Quizás una forma que ayuda a no dejar solo y en abandono al otro pueda ser darle reconocimiento y respeto. El empeño en que el otro cambie (como lo hace la psiquiatría y otra gente) es también una falta de reconocimiento, además de precisa asumir que tenemos la verdad y lo que el otro dice no tiene interés o muy poco (ya que delira, está en pecado, es un enfermo, o está poseído por el mal, etc.). ¿Alguien tiene derecho a imponer su verdad y a negar la credibilidad a otro? ¿Tenemos derecho a dejar a otros sin respuesta y sin reconocimiento, por ser de otro sitio, tener otras costumbres, otras creencias y otras prácticas?
Seguro que otros no nos van a escuchar si no se sienten escuchados.
Seguro que todo es tan complejo como apuntas.
Animo con todo
Por supuesto que tanto el reconocimiento como el respeto hacia nuestros semejantes pueden ayudar a paliar el sufrimiento que puede ocasionar la soledad. Aunque si nos referirnos a esa soledad que experimentan muchos locos, como sucede al menos en mi caso, el remedio que considero más a mi alcance y que estoy seguro de que también podría ser beneficioso para todas las personas en general, es hacer los posible por conmutar de forma permanente nuestra realidad. Esta expresión «conmutar» es una forma personal para hacer referencia a una oración de san Francisco de Asís que a continuación le dejo, ya que explica mucho mejor lo que le quiero decir: «Dios mío, que todo lo dulce de esta vida me sepa amargo, y todo lo amargo de esta vida me sepa dulce». Creo que esta oración tiene su sentido cuando comenzamos a tener certeza plena de que hay una vida más allá de la presente.
Cuando la propia Escritura nos dice que no sabemos pedir lo que nos conviene (Rm. 8,26-28), nos ayuda a reflexionar que, en el fondo ignoramos que, lo que más aborrece nuestra naturaleza humana es lo que más nos puede edificar como personas, como puede ser en el caso del sufrimiento que puede producir la soledad, el desprecio, la humillación, la falta de aceptación y estima hacía nosotros, etc. Ciertamente esto es un contrasentido en toda regla, pues no es en absoluto el criterio que suele tener el hombre natural, que por lo común busca las cosas buenas que piensa que le va a aportar una satisfacción, ignorando por completo al mismo tiempo que ese beneficio será temporal.
La conclusión a la que siempre llego y que de nuevo vuelvo a compartir con Ud. es que deberíamos de suplicar a Dios que nos regale la pedagogía de la aceptación, para que podamos sobrellevar mejor nuestros sufrimientos y a la par tener una confianza inquebrantable en Él, para que en los momentos más complicados de nuestra vida podamos abandonarnos en sus manos.
Muchas gracias.
Diría que la conexión con otros se basa en el reconocimiento del otro como persona diferente y la aceptación de ese hecho. No siempre somos responsables de la soledad, el desprecio y el abandono de otros, y tampoco del sufrimiento.
El resto de lo que dices no lo entiendo bien, pero seguro que es muy relevante.
Saludos
En definitiva, esta conexión entiendo que se refiere a algo más profundo que es el reconocimiento mutuo de nuestra dignidad como personas. La dignidad más alta que tenemos como hombres es la imagen y semejanza que tenemos con nuestro Creador.
Quizá no me haya entendido porque me he liado con mis palabras, pues otra forma de expresar la realidad de este cambio de mentalidad que todos deberíamos de dar se basa en esas palabras de Jesús cuando dice que «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no puede dar fruto». Esto en relación con el tema sobre la soledad, entendemos que ese grano que representa a cada uno de nosotros dará su fruto cuando quede de esta manera. El hecho de morir se refiere en este caso a nuestros propios pecados y a todos aquellos deseos carnales que nos hacen la guerra.
Saludos.
Con la conexión me refiero al reconocimiento mutuo entre personas que tienen una historia llena de experiencias (a la dignidad como personas); a mí ya me vale con eso.
Dices “La dignidad más alta que tenemos como hombres es la imagen y semejanza que tenemos con nuestro Creador”, pues bien, para quien tenga oído para eso será muy importante y se lo reconozco. El problema es que algunas veces esta gente que tiene la “dignidad más alta” no nos reconoce a los demás como personas, y solo como objetos de conversión, y nos degrada como seres humanos, al vernos imperfectos y pecadores; es la parte oscura de las creencias religiosas, que tantas barbaridades ha hecho (y hace) con Dios a su lado. Dices «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no puede dar fruto», pues esa es la historia de la religión y del fanatismo devoto (la católica y las otras), cuando el grano cayó en corazones henchidos de orgullo y verdad, y a veces inflados por creerse en conexión con el altísimo, ha escrito las páginas más negras de la historia humana, siempre con la razón divina a su lado.
Mucha suerte
Lamentablemente, ha habido un gran número de personas que pasaron por esta vida y otras muchas más que aún seguimos aquí que no llegaron a ser conscientes de que nos encontramos en medio de un combate espiritual a vida o muerte, en el que la ignorancia, la confusión y los errores ofuscan nuestra razón impidiendo de esta manera poder reconocer la verdad. Muchas de estas personas que viven lejos de la luz siempre suelen pensar que las soluciones deben comenzar desde arriba, mirando por ejemplo las grandes estructuras y concretamente a ciertos hombres que tiempo atrás e incluso en el presente ostentan un cargo de poder. La cuestión es que en medio de esta guerra muy pocos saben que para poder cambiar el mundo de verdad se debe de comenzar por uno mismo. Cierto es que pensar hacerlo de forma inversa no solamente es perder el tiempo, sino que también es darse coces inconscientemente contra uno mismo.
Por esta última reflexión que comparte conmigo creo percibir que se le escapa el gran detalle de que aquellas personas como pueden ser por ejemplo en mi caso, afortunadamente contamos con el sacramento del perdón, porque sabemos que Dios contaba con todas esas miserias que describe con gran precisión y que ciertamente denotan su poca simpatía no solamente por la Iglesia, sino por aquellas personas que sabiéndose pecadoras trataron de hacer a pesar de todo el bien posible. Muchas de estas personas que ya fallecieron y que permanecieron fieles a Dios con sus imperfecciones puedo estar seguro que entraron en el descanso del Señor, mientras que aquellas que se rebelaron de múltiples maneras contra su voluntad es muy posible que no disfruten de la misma suerte.
Ante lo presente le deseo a Ud. lo mejor.
Muchas gracias
Bueno, no puedo estar de acuerdo con esos juicios que haces sobre quienes deciden vivir la vida de un modo diferente a la que tu aspiras a vivir. Esa actitud que tienen los “iluminados” de juzgar constantemente a los que caminan por otros senderos y verlos como seres inferiores, con una vida menos valiosa…, pero para que seguir…
Mucha suerte en las rutas de perfección
Por desgracia puedo apreciar también que tiene una idea muy confusa sobre la perspectiva espiritual que acabo de compartir con Ud. Es su visión particular que respeto pero no comparto, ya que aquellas personas que llama iluminadas no nos mueve querer ser más que otros, sino el amor, y esto implica preocuparnos también por el bien y la salvación de otras almas. Esto no suele agradar a las personas que puedan verse interpeladas por nuestras palabras y gestos de caridad, porque muchas veces esto implicar la corrección fraterna.
No podremos ser completamente perfectos (santos) hasta que no estemos junto Dios, aunque Cristo ya nos da una referencia de vida cuando nos dice: sed perfectos como mi padre es perfecto.
Muchas gracias.
Bueno, igual puede ayuda más intentar comprender a otros en vez de juzgarlos como seres que vive en la oscuridad y en el pecado
Que vaya bien
No puedo hablar por todos mis hermanos cristianos que tratan de vivir también con autenticidad su fe, aunque nuestro deber es que juzguemos el pecado y al mismo tiempo amemos al pecador. Es muy probable que esta práctica correcta también le confunda, ya que el pecado es inherente a la misma persona, aunque como ya he tratado de decirle existe una diferencia que es completamente radical.
Muchas gracias.
Dices “aunque nuestro deber es que juzguemos el pecado y al mismo tiempo amemos al pecador”. Y claro, ver a los demás como pecadores, y si no son de la misma cuerda, es decir hermanos cristianos, verlos en la oscuridad y fuera de la redención, debe ser lo normal desde ese punto de vista; pero ¿es eso lo que quieren y necesitan los que se relacionan con vosotros, que sois los hermanos cristianos? ¿Es justo eso lo que podéis aportar al entendimiento entre los seres humanos, es decir amar al pecador, al que calificáis de pecador, aunque el otro no se vea pecador? Vaya deber ese de juzgar el pecado y amara la pecador; diría que somos personas, antes que pecadores, algo que suena como un insulto. A mí no me suena bien (tampoco que me califiquen de estar confundido).
Ánimo con el proyecto
Se le olvida también en este último cometario suyo que todos somos pecadores; unos en proceso de cambio cuando nos arrepentimos de nuestros malos pensamientos y obras y otros que se niegan a vivirlo de esta manera, porque como ya le he dicho el pecado ofusca nuestra razón. Ser pecador no es según le parece un insulto, sino una realidad que nos destruye como personas y que por ello hace ofender a Dios, porque Él desea nuestro sumo bien, es decir, que vivamos para siempre en su compañía.
Muchas gracias.
Ser pecador será una realidad para alguien, pero no se debe imponer a los demás; y el pecado puede ofuscar la razón de algunos y quizás no la de otros; esa es una apreciación de los “hermanos cristianos”, que nadie más tiene porque compartir ni ser tratado desde esa óptica. Tenemos muchos ejemplos de virtuosos cristianos ”ofuscados” y haciendo daño [matando, invadiendo, insultado, esclavizando, quemando, etc.]
Ánimo
Ya le dije que no podía hablar por todos mis hermanos en la fe, pues creo que soy más consciente que Ud. de lo que dice aquí precisamente por aquello que nos dijo también Jesús: «No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mt. 7,21). Con esto quedamos advertidos especialmente los que estamos dentro de la Iglesia de que nuestra salvación no es algo que tengamos seguro, porque debemos de ser coherentes y no bajar la guardia. De cualquier modo, creo que no es consciente de que cuando habla de una forma áspera contra las personas que formamos la Iglesia militante lo haga generalizando. Esto es una gran injusticia ¿sabe?
En definitiva, es libre de aceptar si es o no pecador, de creer en una realidad o en otra, aunque lo más importante al fin de al cabo es que todo esto le sea útil para dar lo mejor de sí en esta vida y también para tenga su conciencia tranquila cuando le llegue su hora, de la misma manera que nos llega a todos.
Muy interesantes las reflexiones.
Ya sé que no hay un tipo de cristiano, y eso me parece bueno.
Saludos