Confrontación entre el jefe de servicio de psiquiatría de un hospital en España y un usuario directo que profesa la religión católica (El divorcio de la ciencia con respecto a la religión católica).

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El divorcio de la ciencia con respecto a la religión católica.

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INTRODUCCIÓN

En esta entrada del Blog se trata un tema de extraordinaria trascendencia, ya que la crisis global en el mundo en todos los sentidos está empujando a toda la humanidad a un estado de malestar social o padecimiento profundo en aquello que el hombre contemporáneo ya casi no sabe reconocerse en sí mismo, pero que desde tiempos remotos hemos llegado a concebir como nuestra ALMA. La medicina ha puesto muchos «apellidos» al sufrimiento humano, aunque en este caso no nos referimos particularmente a las enfermedades del cuerpo, sino más bien a aquellas que están relacionadas con esa palabra talismán relativamente moderna que es la «SALUD MENTAL» y que las personas de antaño en términos generales entendían como su BIENESTAR, sin necesidad de entrar en mayores detalles.

Tanto la ciencia, así como la misma religión católica de una forma especial están llamadas a proponer soluciones efectivas, aunque para esto debemos de hacer lo posible para que puedan entenderse mutuamente. Partiendo desde las raíces hasta las hojas de cada una de estas vías para poder alcanzar el conocimiento de la verdad, necesitamos unirnos todas las personas posibles si es que no queremos terminar de sucumbir por completo, pues alrededor del mundo no somos pocos los que observamos expectantes que por estas razones estamos a punto de presenciar la caída de nuestra civilización tal como ha sucedido ya en otros momentos de la historia.

A pesar de mi ánimo esperanzado por mi condición de ser cristiano, no podemos seguir ignorando por ambas partes que nos encontramos al borde de este precipicio, por lo que ya no nos podemos apoyar tanto en esa idea «romántica» de buscar más lo que une estos dos extremos, sino más bien en la confrontación, que fue la forma de proceder que tuvo Jesús en el Evangelio para poder llevar a término lo que por aquel entonces muchos pensaban que era una utopía y que fue la unidad entre judíos y gentiles (Ef. 2,11-16). Es cierto que para conseguir esto fue necesario su sacrificio voluntario que llegó a su culmen en la cruz, por lo que en este caso particular se precisa urgentemente concienciar especialmente a las autoridades científicas y eclesiásticas para que se puedan comprometer con ánimo firme a seguir este mismo ejemplo del Maestro.

Aunque para muchas personas les pueda resultar un disparate formular que esta confrontación sea la clave necesaria para poder encontrarnos en un punto común, esta forma de proceder se encuentra implícita en aquella afirmación de Jesús en el Evangelio, cuando nos dice: «No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada» (Mt. 10,34). Esta cita bíblica ha sido objeto de crítica, controversia y confusión muy especialmente por la corriente de este mundo a lo largo de los tiempos, aunque su interpretación correcta en este contexto es que esa paz a la que se refiere Jesús es algo completamente aparente, por lo que su espada se convierte en el arma necesaria para poder conquistar la unidad entre los hombres y de esta manera hallemos la verdadera paz.

          Ante lo presente, he de decir que esta entrada tiene su eje central en una confrontación que ha surgido entre un jefe de psiquiatría de un hospital en España y este servidor que escribe, con el fin de exponer por mi parte un humilde ejemplo práctico en este aspecto que se origina en este caso por la división existente que ya conocemos entre la ciencia y la religión.

A continuación, se expone a modo de preámbulo una serie de comunicaciones con el fin de poder persuadir con varias reflexiones que se dirigen directamente a la conciencia de aquellas personas que están al frente de diversos medios de comunicación, asociaciones de personas relacionadas con la salud mental (usuarios, familias, etc.,) y también a todos los obispos españoles. Sirva, por tanto, este pequeño granito de arena para poder orientar a todas las almas posibles y también aquellas que nos encontramos en el seno de la Iglesia Católica que también han comenzado a tomar consciencia de la importancia que supone abordar este grave problema en el que nos encontramos todos inmersos.    

1. Carta dirigida a diversos medios de comunicación. (T.E.D.L 3,49 min.)

2. Carta dirigida a diversas asociaciones de salud mental y personal hospitalario de los servicios de psiquiatría en España. (T.E.D.L 5,21 min.)

3. Carta dirigida a los obispos españoles. (T.E.D.L 5,40 min.)

4. Carta dirigida al jefe de psiquiatría de un hospital en España. (T.E.D.L 8,51 min.)

T.E.D.L.: Tiempo estimado de lectura.

CARTA DIRIGIDA A DIVERSOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

A la atención de:

«X»

Como podrán apreciar, tengo el gusto de volver a incidir sobre la necesidad urgente que existe para que la ciencia (psiquiatría) pueda volver a encontrarse en un mismo punto con la religión (espiritualidad). La importancia de poder reestablecer dicha unidad está orientada en este caso particular en buscar el verdadero bienestar integral de aquellas personas que padecen las graves consecuencias de una ciencia que por su afán de tener plena autonomía dejó de tener un alma propia que la hacía en este caso ser mucho más humana.

Esta unidad nunca será posible mientras nos mantengamos en la lógica de este mundo actual, es decir, organizando conferencias, simposios, artículos de revista y otras actividades intelectuales diversas. La lógica más acertada es precisamente la del Evangelio, es decir, la que tuvo Jesús cuando se confrontó abiertamente con los líderes religiosos judíos de su época, especialmente con los fariseos y escribas. En este caso Jesús les criticó su hipocresía, su enfoque en la letra de la ley más que en el espíritu, y su falta de compasión hacia los marginados. Aunque pueda parecer inverosímil, la Iglesia Católica se encuentra en este mismo escenario ante la ciencia, aunque la falta de compromiso que en este caso se relaciona con la idea de complicarse lo menos posible con “problemas” como en este caso lo llegan a considerar la mayoría de los prelados de nuestro tiempo, hace que ante el mundo parezca que existe entre ambos extremos una amistad.

Quizá en esta ocasión les pueda interesar redactar, aunque sea un breve artículo de prensa inspirado en este asunto en particular para poder crear un impacto social y pueda producirse así esta necesaria confrontación abierta entre la Iglesia Católica y concretamente la psiquiatría. Es muy posible que esta intención les pueda parecer un tanto provocativa, pero si el fin de esta provocación es procurar el bien de las personas que sufren las graves consecuencias de esta división, estarían colaborando por el bien común de la sociedad, que entiendo que también es una preocupación particular por parte de la vocación periodística. En este sentido, vuestra colaboración como medio de comunicación se puede convertir en piedra angular, ya que muchas de las preocupaciones importantes que solemos tener los fieles laicos, por lo general el 95% de los obispos tienen la buena costumbre de responder con un silencio administrativo y el 5% restante suele responder de una manera muy parca y laxa.

Por esta razón he querido aprovechar la ocasión de haber recibido una comunicación por parte de un jefe de servicio de psiquiatría de un hospital en España para tratar de persuadir a los obispos españoles y de esta manera puedan reaccionar en este sentido. Si tuvieran finalmente interés en colaborar con esta causa noble, pueden conocer el contenido de estas cartas por medio de un enlace a mi Blog personal que les dejo a pie de página.

Antes de que puedan conocer el contenido íntegro de ambas comunicaciones, me gustaría advertirles que el lenguaje del Evangelio y en general de las Sagradas Escrituras en ocasiones puede ser impactante y desafiante. Es de agradecer este aspecto cuando en el caso de Jesús no se andaba con rodeos y hablaba de temas profundos y complejos de forma directa y sin eufemismos. Este lenguaje puede parecer “ofensivo” muy especialmente para aquellas personas que son incrédulas o que por causa de ciertos prejuicios aborrecen la religión cristiana. Lejos de estas consideraciones, lo cierto es que este estilo en la comunicación se convierte en un verdadero estímulo para interpelar con fuerza nuestras conciencias y de esta manera podamos tener mayor posibilidad de reflexionar sobre nuestras prioridades y valores.

Confrontación entre el jefe de servicio de psiquiatría de un hospital en España y un usuario directo que profesa la religión católica (El divorcio de la ciencia con respecto a la religión católica).

Sin más en particular, se despide atentamente:

Jesús del Pino Marín.

CARTA DIRIGIDA A DIVERSAS ASOCIACIONES DE SALUD MENTAL Y PERSONAL HOSPITALARIO DE LOS SERVICIOS PSIQUIATRICOS EN ESPAÑA.

A la atención de:

«X»

Es un gusto poder saludarles, en primer lugar, para agradecerles el servicio que hacen con las personas que padecen experiencias con malestar psicosocial.

Aunque me he dirigido a Uds. en reiteradas ocasiones y lamentablemente no he apreciado vuestro interés hasta el momento por ninguno de mis mensajes, me presento como alguien que se siente muy identificado con las personas que tenemos un dolor especial en nuestra alma, pues siendo esta la forma más humana de tratar nuestro sufrimiento, podemos considerar, por tanto, que también es la más adecuada. Me considero una persona transparente y por esta razón hace muchos años tomé la decisión de hacer mi vida pública con una confesión en base a mi conciencia, por lo que, si estuviesen interesados en conocerme mejor, por mi parte me he preocupado en ofrecerles también a Uds. esta facilidad.

Me gustaría transmitirles que hace mucho tiempo tuve deseo de ser sacerdote, aunque la Iglesia Católica no me lo permitió, pues en aquel momento ya tenía esa etiqueta psíquica y social que tanto pesa de ser un “enfermo mental”. Desde aquel entonces sigo teniendo vocación al servicio y estoy plenamente dedicado a los demás, aunque después de este rechazo me di cuenta de que debía de trabajar en este sentido por el cambio desde las estructuras más arraigadas.

He aprovechado el tiempo de mi jubilación con mucho esfuerzo y sacrificio también para tratar de buscar nexos que puedan volver a establecer la unidad entre la ciencia (psiquiatría) y la religión (espiritualidad). Cuando tuve mis primeros ingresos en psiquiatría comprendí que la ciencia le faltaba un alma que la hiciese más humana y entre otras razones importantes esto fue lo que motivó mi retorno a la práctica religiosa que dejé a un lado en mi rebelde juventud.  

La fuerte experiencia psiquiátrica que he padecido a lo largo de estos últimos 22 años de mi vida me provocó ya desde un inicio una vocación que humildemente en lo personal considero muy particular y que nace de mi gran sensibilidad hacía las mismas personas que sufren circunstancias muy semejantes a la mía. Esta vocación al servicio a favor de estos hermanos míos pude conocerla cuando leyendo las Escrituras tuve la ocasión de meditar una cita del Libro del Profeta Isaías, que nos habla de una parte sobre el ayuno que más agrada al Señor: «Romper las cadenas injustas, soltar las coyuntas del yugo, dejar libres a los maltratados, y arrancar todo yugo» (58,6). Puesto que en muchas ocasiones nos privan de una manera injusta de nuestra libertad y apenas se nos reconocen unos derechos propios en nuestro colectivo bajo la falaz justificación del riesgo para la salud pública, es importante recordar al respecto lo que nos dice también en este caso san Pablo: «Acordaos de los presos como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados como si estuvierais en su carne» (Hb. 13,3).          

Este breve preámbulo que acabo de hacer, me sirve para poner a vuestro conocimiento que recientemente me he dirigido a todos los obispos de España a raíz de una confrontación que ha surgido por parte de un jefe de psiquiatría de un hospital en España y este servidor que les escribe, que como ya saben soy un usuario directo. En estas dos comunicaciones en concreto pueden encontrar una serie de reflexiones que, si de verdad les importa el bienestar integral de las personas como yo, familiares y otras personas sensibles a esta causa noble, deberían de reaccionar en esta ocasión de alguna manera.  

No hace falta tener mucha inteligencia como para poder reconocer que la psiquiatría moderna tal como la conocemos hoy en día, partiendo ya desde sus orígenes se encuentra en crisis y se suma además que los tiempos convulsos que vivimos en la actualidad toda la humanidad no parece que augure un cambio favorable y esperanzador para aquellos que engloban todo esto dentro del ámbito de la salud mental. Necesitamos unirnos todas las personas posibles si es que no queremos terminar de sucumbir por completo, pues arriesgándome a que puedan pensar por mi condición de “enfermo mental” que puedo estar desvariando, somos muchos los que observamos expectantes que estamos a punto de presenciar la caída de nuestra civilización. Por el hecho de encontrarnos precisamente al borde del precipicio, aunque les parezca a priori un disparate, el dialogo entre ciencia y religión ya no es suficiente, pues sabiendo que esta actividad siempre se ha mantenido viva, lo que necesitamos en verdad es una confrontación abierta entre estos extremos, si es que queremos conciliar este divorcio para poder evitar lo posible las consecuencias ya citadas.

Cuando en este caso me refiero a la necesidad de procurar esta confrontación, más que pensar en esa típica idea “romántica” de querer centrarnos en ver más lo que nos une, se trata más bien de exponer entre ambas partes con toda transparencia y respeto lo que nos diferencia. De partida es necesario adelantar que el problema mayor se encuentra más en la ciencia que en la propia religión católica, muy especialmente desde que el hombre se centró exclusivamente en la razón (S.XVIII). Esto se ha convertido en la construcción de una nueva torre de Babel por medio de la cual ha terminado de desbordarse tanto la soberbia como la autosuficiencia en el hombre, por la gran influencia en estos últimos tiempos del progreso de la tecnología.  

Confrontación entre el jefe de servicio de psiquiatría de un hospital en España y un usuario directo que profesa la religión católica (El divorcio de la ciencia con respecto a la religión católica).

Sin más en particular, se despide atentamente deseándoles lo mejor para Uds. y muy especialmente para todas aquellos usuarios, familiares y personas que tienen una especial sensibilidad hacia nuestro colectivo:

Jesús del Pino Marín.

CARTA DIRIGIDA A LOS OBISPOS ESPAÑOLES.

A la atención de:

«X»

A raíz de la última comunicación que hice dirigiéndome a todos los obispos españoles, que quizá posiblemente pueda recordar que su asunto hacía referencia al «El deseo legítimo de querer morir y la apariencia de bien de la psiquiatría», ha surgido una confrontación entre el jefe de servicio de psiquiatría de un hospital en España y mi postura como usuario directo. Esta experiencia como usuario creo que representa un testimonio valioso que pongo de nuevo a su conocimiento desde su autoridad en la Iglesia, ya que somos muchas las personas en el mundo que llevamos padeciendo las graves consecuencias del divorcio de la ciencia con respecto a la religión católica.

Es necesario que se pueda tomar consciencia que una ciencia que como en este caso particular supuestamente está dedicada a tratar de paliar el sufrimiento que desde la clínica únicamente lo considera “psicológico”, “psíquico” o “mental”, esta realidad representa un planteamiento completamente reduccionista de la propia persona. Supone, por tanto, una grave mutilación de nuestro propio ser que bajo la hegemonía de esta disciplina de la medicina que directa e indirectamente nos impide poder disipar nuestro dolor más profundo del alma, cuando ésta no reconoce sus límites y no sabe darnos respuestas de carácter trascendente. 

Aunque pueda parecer un hecho aislado, este psiquiatra representa esa parte baja del iceberg que incluso las autoridades de la Iglesia no desean reconocer; pues siendo un hecho preocupante que refiere directamente al sufrimiento de las personas, se debería de considerar que el ejercicio de hacer una crítica o cuestionamiento permanente a esta ciencia en vez de aparentar una relación buena con la misma se hace muy preciso y necesario, si es que deseamos que pueda crecer con verdadera sapiencia para un verdadero beneficio común a la sociedad.

Podemos estar de acuerdo que los acontecimientos adversos pueden provocar una deformación o distorsión en la realidad que termina afectando a la conciencia de las personas. Esto ha sido finalmente asumido por la psiquiatría moderna como una patología mental en un amplio abanico de tipologías, no porque esto se asocie según dicen a un comportamiento de vida «anormal», sino porque en verdad no pueden comprender ni por tanto explicar el sentido de nuestro sufrimiento desde una lógica puramente racional. El fuerte inmanentismo de la Iglesia especialmente en este último siglo con esta ciencia ha hecho que termine adoptando su terminología clínica dentro de su Magisterio, de tal manera que la importancia y el valor del alma humana ha quedado relevada a un segundo plano, para ser considerada únicamente en ámbitos exclusivos.

Por la propia complejidad de nuestra mente y muy especialmente por nuestro conocimiento adquirido del árbol de la ciencia del bien y el mal desde el origen de nuestra caída, son factores clave que en este caso se suman además a la evidencia de que la psiquiatría no es una ciencia de precisión, ni tampoco infalible. Cuando el hombre termina aceptando la consideración científica de la enfermedad de la mente ⸺la cual santo Tomás llegó a negar cuando hizo referencia a la insania del alma⸺ en este caso particular sería la única patología en el hombre con un carácter completamente exclusivo, ya que ésta en sí abarca a toda la persona. Estos principios fundamentales nos deberían de ayudar a llegar a la conclusión de que la “enfermedad mental” o la patologización del sufrimiento es uno de los mayores sofismas de nuestro tiempo que ha terminado por alzarse contra el conocimiento de Dios.

Como Iglesia, esta realidad nos debería de interpelar en el sentido de que aún no nos hemos planteado derribar este torreón, para reducir los entendimientos a cautiverio y se sometan a la obediencia de Cristo (2 Co. 10, 3-5). La causa más evidente de esta falta de acción se debe principalmente a que la inmensa mayoría de las autoridades en la Iglesia no tienen deseo de salirse de un guion preestablecido, para evitar de múltiples maneras esta necesaria confrontación, que en este caso serviría para dar mayor gloria a Dios y que a su vez redundaría al beneficio común de la humanidad.      

Aunque en la respuesta que le doy a este responsable se encuentra implícita también su propia respuesta, lamentablemente no puedo desvelar públicamente sus datos personales, ni tampoco el hospital donde ejerce, ya que en su respuesta me ha notificado con un * aviso sobre la confidencialidad con el fin de blindar el secreto de esta comunicación.

Me despido en esta ocasión con la esperanza de que pueda reflexionar además que, si la Iglesia reconociese su deber urgente de evangelizar con fuerza nuestro mundo, debería de comenzar por esta ciencia que está ampliamente extendida de forma particular en los países desarrollados, y que casualmente son los lugares donde más se ha perdido la fe. Por todas estas razones y por el resto de los argumentos que se suman a esta respuesta dirigida al jefe de psiquiatría, le ruego que priorice esta necesidad para que junto con otras autoridades de la Iglesia hagan lo posible para que se tomen medidas oportunas que favorezcan con verdadera humanidad el bienestar y poder paliar de esta misma manera el sufrimiento de aquellas personas que padecemos un dolor profundo en nuestras almas.  

Como dato final le comunico que después de haberme dirigido a este jefe de servicio de psiquiatría de un hospital en España, no he recibido aún ninguna otra respuesta desde la fecha registrada a pie de página en esta carta.

Si desea conocer íntegramente el contenido de esta respuesta, puede dirigirse a esta entrada de mi Blog personal por medio del siguiente enlace:

Confrontación entre el jefe de servicio de psiquiatría de un hospital en España y un usuario directo que profesa la religión católica (El divorcio de la ciencia con respecto a la religión católica).

Sin más en particular, se despide atentamente con un fraternal saludo:

Jesús del Pino Marín.

* NOTA IMPORTANTE: Si tuviera el deseo de conocer el motivo que mueve a esta rama de la medicina a actuar de esta manera tan opaca en su relación con sus usuarios, puede dirigirse a este enlace, donde trato de explicarlo con detalle por medio de esta reclamación telemática que introduje al Defensor del Pueblo Andaluz.

CARTA DIRIGIDA AL JEFE DE PSIQUIATRÍA DE UN HOSPITAL EN ESPAÑA

Dr. «X»

Es un gusto poder dirigirme a Ud. para poder responder al correo que he recibido por su parte el miércoles día 13 del presente mes. Después de haberles enviado aproximadamente tres correos electrónicos por mi parte en un lapso de dos meses, me inclino a creer que aquel que más le ha podido interpelar es el último dirigido a todos los obispos españoles, con el siguiente asunto: «El deseo legítimo de querer morir y la apariencia de bien de la psiquiatría».

Antes de tratar de responder lo más breve posible por mí parte a los argumentos que refiere en su carta, tengo que decirle que mis discrepancias personales con respecto a Ud. como jefe del servicio de psiquiatría del Complejo Asistencial Universitario de «X» («X»), no anulan el respeto que le pueda tener en primer lugar como persona y mucho más como médico.

               Cuando me comunica que considera que no cabe en un servicio público una visión cristiana, islámica, atea o budista de la enfermedad o de la conducta humana, puesto que las religiones no son universales en la especie humana y la enfermedad mental sí lo es, desconozco cuáles son sus bases con respecto a este criterio. De cualquier modo, le diría que por causa del ateísmo teórico y práctico propio de la ciencia secular es precisamente lo que hace que terminen excluyendo la religión y la espiritualidad cristiana, no de la sanidad pública tal como erróneamente justifica, sino en las personas, que es donde se debería de centrar el valor. Con esto quiero decirle que su disciplina está enmarcada precisamente dentro del ateísmo que inconscientemente parece que no se identifica, y que como sabemos deja de lado la dimensión espiritual y trascendente de la experiencia humana.

La integración de la ciencia y la espiritualidad es un desafío complejo, pero necesario para abordar la complejidad de la mente humana. Se precisa, por tanto, una urgente complementación, aunque para que pueda cumplirse este propósito para poder procurar el mayor bienestar a las personas, la humildad muy especialmente por parte de la ciencia sería clave en este proceso. Su disciplina debería de reconocer sus propios límites y al mismo tiempo la importancia de la espiritualidad que muchos sabemos que abre puertas a una comprensión más integral de la persona.

Cuando considera que la “enfermedad mental” tiene en este caso un carácter exclusivamente universal con respecto a la religión o espiritualidad, parece que ignora o desprecia el fin último a lo que estas vías nos conducen, que es la misma divinidad que los cristianos defendemos que reside en la conciencia de cada persona. Es en la conciencia donde Dios se dirige al hombre para interpelarnos y para que aprendamos a discernir la ciencia más útil y necesaria para nuestra salvación que es la del bien y el mal y que por tanto es innegable su influencia con la conducta humana.

Poniéndole un ejemplo muy básico y sencillo, mientras que en los anales de la historia de la humanidad el hombre consideraba ya piadoso el hecho de enterrar a sus seres queridos cuando habían fallecido, en aquellos momentos poco o nada se sabía de las “enfermedades mentales”, muy probablemente porque no les debía de interesar y como más adelante han podido argumentar grandes pensadores y filósofos con contundente evidencia, la mente no es un órgano más en nuestro cuerpo, sino un constructo abstracto. Donde quiero ir a parar con esto último que le acabo de comunicar, es que es mucho más práctico el autoconocimiento de una persona a través del examen de conciencia que por la experiencia sabemos que genera cambios sustanciales en la conducta, que ponerse delante de una persona en una consulta (psiquiatra) para que en este caso examinen nuestra conducta. En este último caso, en vez de estudiar el origen de un problema o trauma por causa de una limitación de tiempo que tenemos los usuarios en las consultas o por confiar de una forma ciega en un manual arquetípico de supuestas conductas anómalas, van a recurrir finalmente a un arsenal químico para tratar de provocar supuestamente el mismo efecto.

En esta breve respuesta que recibo por su parte me comunica además que la conceptualización y el tratamiento de las enfermedades mentales y otros procesos el Servicio de Psiquiatría del «X» se ciñe a la evidencia científica y a la legislación vigente. Al respecto le diría que si la evidencia científica a la que se refiere se fundamenta finalmente en un consenso de un grupo de personas de élite dentro de su disciplina (APA), que a mano alzada sabemos decide los criterios arquetípicos del gran misterio de la mente humana, debería reconocer con humildad que esto en el fondo no se trata de verdadera ciencia, ya que aún no lo han podido demostrar por medio de biomarcadores o pruebas clínicas específicas para cada una de las diversas “enfermedades mentales” que en vuestro caso «predican». Si, no le extrañe que haga uso de esta palabra que se origina dentro del contexto religioso y que consiste en la proclamación pública del Evangelio y la enseñanza de la doctrina cristiana basada en las Sagradas Escrituras. En este caso lo que trato de transmitirle es que vuestra palabra como psiquiatras tiene a efectos el mismo valor que la palabra de un sacerdote, sin embargo, puede tener plena seguridad que ni Ud. ni ninguno de sus colegas que profesan su ciencia estarán dispuestos a dar la vida por sus creencias a diferencia de millones de personas que si sabemos que en este caso lo han hecho por la fe cristiana.  

Concluye finalmente su comunicación diciéndome que “Hace mucho tiempo que la psiquiatría superó su carácter ideológico y no deseamos volver a tiempos pasados”. Ante semejante afirmación, en primer lugar, le diría que cualquier cosa que pertenezca al “pasado” tiene valor, como por ejemplo la historia de la medicina o mucho más aún cuando forma parte del progreso de la edad de una persona que ya es anciana, pues todo lo relativo al pasado debería de saber que es también fuente de la sabiduría humana y no debería de ser objeto de completo descarte. En segundo lugar, deseo comunicarle al respecto que su ciencia se ha erigido sobre cualquier otro saber humano para discernir con respecto a otras personas lo que es o no real, sin embargo, la mayoría de los psiquiatras que especialmente trabajan para la sanidad pública o para el Estado, no tienen apenas capacidad de saber cuál es el estado real donde se encuentran. Es posible que en este aspecto trate de confundirme o en el fondo quizá se engañe, pues sobradamente se sabe que la psiquiatría es la única disciplina dentro de la medicina que existe un cisma o división entre los mismos profesionales. Por esta última razón llegamos a la conclusión que debido a la gran componente ideológica dentro de su campo del saber tenga lugar una fuerte controversia.

                Después de haber compartido todos estos argumentos con Ud. a raíz de su respuesta, es fácil deducir que el estado real de la psiquiatría no es propiamente científico, sino que en verdad ejercen su función como una institución ideológica y me atrevo a decir incluso “moral”. Ideológica por las razones que le acabo de exponer y moral porque tienen el atrevimiento de comparar un juicio sobre un objeto «órgano», con un sujeto «persona». De esta manera, bajo la justificación de un marco clínico lo que hacen en realidad no es dar un diagnóstico, sino un juicio personal en base a un vago y fútil de nada menos que un relato que por norma general no conocen originalmente en la persona que tratan (anamnesis).    

               Por la experiencia que tengo en el trato con psiquiatras a lo largo de estos últimos 22 años de mi vida, en este caso coincide con precisión con sus palabras de despedida, cuando me transmite su deseo para que en lo sucesivo me abstenga de enviarle más correspondencia en esta línea, por lo que me motiva a decirle algo también importante.  La religión cristiana no es como la budista que se centra en uno mismo para buscar un beneficio o satisfacción personal, ni tampoco la islámica, que en este caso se centra en un libro que no permiten la posibilidad que sea objeto de crítica. Me sirven estos ejemplos prácticos que al principio ha puesto para decirle que la praxis de la psiquiatría reúne precisamente estas dos características principales, pues mientras más cerrados estén en sus conocimientos por no querer recibir en este caso críticas o cuestionamientos, menor será la probabilidad de que puedan seguir creciendo en su sapiencia.

               Me despido invitándole a que pueda reflexionar que el Magisterio y la Tradición de la Iglesia Católica a lo largo de estos 21 siglos pasados de historia esta funda(menta)do muy especialmente en personas que antes que tratar de cambiar a otros, tal como regularmente lo (intenta) hace(r) su disciplina, cultivaron en primer lugar su propia interioridad. Esto significa que, si desean dar soluciones efectivas para que otras personas puedan resolver sus problemas de conducta, deberían de empezar por Uds. mismos, aunque me temo que esto en verdad no les interesa, porque en el fondo lo que les mueve no es buscar el bienestar de las personas que atienden, sino muchos intereses ocultos. De esta manera comprendemos el motivo de la imposición de tratamientos químicos involuntarios por medio de métodos coercitivos, la tortura y el trato degradante de aquellos usuarios que experimentamos un gran malestar o padecimiento profundo en nuestras almas. 

               Deseándole lo mejor para Ud. y muy especialmente para todas las personas que trata, se despide atentamente:

               Jesús del Pino Marín

En Almonte a 15 de mayo de 2026

Enlaces de interés en relación con el tema tratado en esta entrada del Blog:

Psiquiatría y espiritualidad (El Debate)

Salud Mental en Europa Una perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia

Desde esta última dirección que enlaza con la Fundación Pablo VI, se puede descargar el documento elaborado por la Comisión de Ética de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea COMECE (Solo se encuentra disponible en inglés, posiblemente porque dicho documento hasta la fecha carece de relevancia para la Conferencia Episcopal Española CEE).

Correspondencia personal de interés general que he mantenido con varios prelados de la Iglesia en España relacionadas con esta misma temática:

Carta dirigida al Emmo. Sr. Cardenal José Cobo Cano (Arzobispo metropolitano de Madrid)

Selecciona el elemento para ver

Carta dirigida al Emmo. Sr. Cardenal Juan José Omella (Arzobispo metropolitano de Barcelona)

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